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jueves, 6 de junio de 2013

Días maravillosos

            

¡Tatatachán-tachán...graduado! Parecía que iban a pasar miles de años hasta que me viera con la orla de segundo de bachillerato en la mano...¡y por fin puedo sentir esa maravillosa textura que simboliza el final de mi estancia en el instituto! Han sido tantas emociones que la ceremonia se me hizo un poco corta. Nuestro Jesús Romero con su impecable discurso, como no...despertando el interés del público que opinaba que lo mejor era que fuera líder de algún partido político. Yo estaba un poco nervioso, ya que por primera vez iba a leer un discurso delante de mucha gente, aunque tenía la ayuda de dos de mis compañeros, que también lo hicieron genial. Cuando me levanté de mi sitio para subir al escenario, recordé que muchas personas importantes estaban entre el público...mi madre, mi padre, mi hermana, mis abuelos, mis amigos...y mi chiquitín. Me hacía una ilusión tremenda que viniera a verme en una noche tan especial como lo era aquella. Subí las escaleras poco a poco, empezando a mirar entre la gente que sonreía en las sillas de abajo y buscando a la persona más importante de mi vida al fondo. Sabía que si lograba encontrarlo entre la multitud, mis nervios serían sustituidos por una enorme tranquilidad. Y cuando me acercaba al micrófono para comenzar a leer mi parte, lo vi. Vi que me estaba sonriendo y sentí entonces que estaba muy orgulloso de mi. Fue lo que me dio fuerzas para olvidarme de que más de 200 personas me estaban mirando y comenzar a leer aquella hoja como yo solo sabía.

Y sin recordar lo que nos esperaba dos semanas después, en Selectividad, los graduados pasamos una buena noche en la discoteca...aunque claro, ''buena'' va entre comillas, porque la organización y la cena no fueron tan maravillosas como la gente estaba diciendo al día siguiente. Nos dijeron que íbamos a cenar en Entrebarras, y nadie lo pisó para cenar. En su lugar, pusieron mesas redondas, como en una boda, en el patio central de la discoteca. Allí se estaba sentando la gente sin hacer caso al número que venía en su entrada. Recuerdo que en el mío ponía 61 y en el de mi chico 62. Es decir, íbamos sentados al lado. Pero allí no había nada que organizara los sitios, sino que la gente se sentaba donde quería, dejando a graduados y acompañantes separados a la virulé. Finalmente nosotros dos nos pudimos sentar juntos. La cena no me gustó para nada, ya que el servicio estuvo regular. Los entrantes, junto con el solomillo fueron, a mi parecer, lo mejor, quitando que el solomillo lo sirvieron tarde y estaba frío. Además, el cóctel de marisco parecía césped recién cortado y la tarta que nos dijeron que era de ferrero rocher era un mísero bombón. Cabe destacar que el sorbete de limón que nos pusieron era granizada...resumen: NOS TOMARON POR GILIPOLLAS. La fiesta fue un descontrol. La gente de fuera quería entrar y se apelotonaron en la puerta. Nosotros podíamos recorrer todo el recinto, pero parece ser que en Monet pusieron música ''extraña'', lo que nos hizo bajar al patio. Estaban diciendo que valía entrar al patio, cosa que no teníamos en cuenta ya que nos dijeron que teníamos el privilegio de recorrer toda la discoteca...


Pero sin duda, estos días no hubieran sido lo mismo sin mi asturiano, que me hizo pasar un fin de semana inolvidable. Y por eso, y porque me cuida como a nadie, me hace sentir el más afortunado del mundo y siempre está ahí para todo...debo de decirle que le amo con locura, y que estos casi seis meses juntos han sido lo mejor que me ha podido pasar en la vida. Después de todo lo que hemos pasado durante este tiempo, es hora de que mantengamos la sonrisa y de que miremos hacia un futuro espléndido. Estoy muy orgulloso de él y estoy seguro ,segurísimo, de que es la persona más increíble, especial y buena que he conocido en los diecisiete años que llevo de existencia.

lunes, 18 de marzo de 2013

''La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante.'''


He recorrido las calles durante miles de años, incluso millones. Y todavía sigue habiendo gente que lucha cada día por sus sueños, inmortalizándolos en una explosión de sonrisas y colores sin fin, en instantáneas en blanco y negro o simplemente en una trompeta o un saxofón. He aprendido que no solo los valientes saben luchar, sino que también los débiles tienen una oportunidad de abandonar sus miedos y echar a volar. He aprendido que hay cosas maravillosas en el mundo como ver a una madre dándole el pecho a su hijo y cosas terribles, como ver morir a aquellas personas por las que darías la vida por un sólo segundo más a su lado. He aprendido a bailar con La Luna y a contarle mis problemas a las estrellas mientras ellas me miraban con cara de querer rozar la tierra, cansadas del nocturno cielo. He aprendido a saltar, a vivir, a sonreír, a soñar y a no tener miedo, porque precisamente solo se encuentra en mi y no en ninguna cosa que me rodea.

También he aprendido a vigilar las luces de la ciudad, para que no dejen de iluminar a los cientos de artistas que brillan cada noche por las calles de Italia y Francia. Y por supuesto, he aprendido a valorar a la gente que de pequeño me sacaba una sonrisa de oreja a oreja en la gran carpa del circo. He aprendido a recordar todos los días de mi vida a la naturaleza, y a darle gracias por haberme hecho así, como soy, porque sé que cada uno tenemos una esencia única e irrepetible, y que por eso somos especiales. He aprendido que no nacemos por nacer; nacemos para ser felices y hacer felices a los demás. También aprendí que los sentimientos son maravillosos y que cada uno puede ser bueno o malo a su manera. Pero de lo que más orgulloso estoy de haber aprendido, ha sido de conocer el amor, que, aunque a veces duela, no deja de ser maravilloso.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Siete


El siete. Para muchas personas, el siete es el número natural que sigue al seis y precede al ocho. Para otras personas, no sólo es el valor de un número representado en miles de gráficas matemáticas. También representa lo bueno para algunas religiones. Para los más religiosos, el siete representa el número de los siete pecados capitales. Para los más rutinarios, solo son los días de la semana. Y para los amantes de las leyendas y los dichos populares, el siete representa las vidas que tiene un gato. Siete notas musicales, siete mares, siete sabios griegos, siete maravillas del mundo, siete enanitos...tantos significados para este número...pero aunque a mi me suenan todos, me quedo con el más importante y no mencionado: siete...meses. 

Siete meses de historia con la persona más perfecta para mi y más maravillosa del mundo: Alejandro. Aún parece ayer cuando lo vi por primera vez por la web-cam. O la primera vez que escuché su dulce tono de voz por el teléfono aquella noche de otoño. Y es que son tantos recuerdos los que inundan mi mente ahora mismo, tantas experiencias vividas con él, y con su sonrisa, la cual me tiene hipnotizado desde la primera vez que abrió las comisuras de la boca para sonreír. Y poco a poco, asumido en un mundo diferente y placentero, el mundo de los sueños, me atreví a desafiar a todos y a todo y me enamoré perdidamente de la única persona que creía en mi. 

Y es que el amor es una cosa de dos, algo inexplicable que solo entienden los enamorados, y no los demás que, con miradas de recelo, intentan a espaldas de todos encontrar defectos y malas impresiones. Y no me arrepiento de nada de lo que hecho con él. Quizás me arrepienta de no haberle hecho sonreír lo suficiente, ya que se merece que a todas horas esté sonriendo. Y me encanta provocársela, lo admito. Él sabe que es mi debilidad, y que estoy cada día más orgulloso de tenerlo y de todo lo que hace para mejorar este mundo. Son personas como él las que quedan inmortalizadas en los recuerdos más bonitos. 

jueves, 14 de febrero de 2013

Catorce rosas blancas


A ti, querido lector:

¿Algunas veces has sentido que acumulas tanto amor por una persona y tanto orgullo por ella que sientes que vas a explotar de un momento a otro? Quizás me pase a mi eso. Estoy en un estado entre las nubes y la tierra. Me siento en el suelo, pero parece que todo el tiempo estoy volando. Obviamente, nadie me puede cortar las alas, porque el simple hecho de estar tan bien en ese estado, rompe todas las amenazas contra mi eterno vuelo. ¿Algunas vez has sentido que, estando a cientos de kilómetros, lo necesitas más cerca todavía a tu lado, que extrañas tanto sus abrazos y sus besos, su sonrisa al mirarte después de levantarte por la mañana, que sientes que vas a morir? Sí, yo lo he sentido. Extraño todo, sinceramente. Desde el más mínimo detalle al más grande que jamás pude observar. 

Echar de menos es normal, y más sabiendo que todavía faltan muchas semanas para volver a vernos. Pero el simple hecho de estar con esa persona en la realidad, sintiendo cada parte de su cuerpo y cada parte de su forma de ser, dándote cuenta de que lo puedes perder en cualquier momento, que cada día tienes que esforzarte más y más en hacerle feliz y hacerle sentir libre como aquellos pájaros que veremos algún día surcar el cielo de la playa al atardecer, ese simple hecho, te hace sentirte orgulloso de tener a alguien como él.

Y no te cansas de hacerle feliz, de provocarle esa sonrisa que luego te hace sonreír a ti. De inundar vuestras mentes de recuerdos y pasarse toda la noche recordando en aquello y en lo otro, en todas las cosas que se han inmortalizado para siempre. Y lo necesitas, lo necesitas como si te fuera la vida en ello, como si cada gota del oxígeno que respiraras dependiera de él. Como si el hecho de estar tú bien dependiera del hecho de estar bien él. 

Y piensas...
...dar la vida sería dar poco para lo que él se merece.

El errante nocturno


Muchas veces lo veo. Bueno, lo veo demasiado; y todos los días en los que lo veo es por la noche. Dicen que la noche es la parte del día más misteriosa de todas, donde los seres más marginados de la sociedad y los actos indebidos se cometen a todas horas de la madrugada. Nadie puede negar que la noche es su aliada; esa aliada que cada vez que lo ve se estremece para sus adentros, como si quisiera dar paso a su compañero el día y no volver a asomar la cabeza en el mundo. Pero ella, callada, se mantiene como una testigo de su largo infortunio. Y mira su aspecto, bañado en tristeza, y suspira.

El errante no es como los demás. Es diferente. Pasa por donde vivo todos los días, o eso parece. Cuando yo lo veo, pasa. A lo mejor se esconde tras alguna esquina a la espera de que yo salga para pasar él. Aunque no es su imprudencia lo que más me llama la atención, sino su desaliñado aspecto de ladrón indeciso. Los ojos, semillas de la vejez, cubiertos de venas y arrugas, combinadas con un perfecto límite de la edad. Su boca, siempre abierta, siempre cantando algunos versos de cantantes de los años cincuenta. Y su pelo, cubierto de polvo. A veces lleva la piel morena, como bronce. Otras veces la lleva más blanca, aunque su tono siempre es oscuro. Anda a zancadas la mayoría de las veces aunque en algunas ocasiones prefiere mostrar su silencio con pasos cortos y menudos. 

No habla. Bueno, generalizo. A veces sí. Cuando se para a charlar con la gente del lugar parece amigable y simpático. Otras veces se limita a ser cortés de una manera que me pone los pelos de punta, ya sea por la forma en la que lo dice o el interés que le ponga a la situación. Si algún día lo llegas a conocer, no temas. Al principio da un poco de miedo, pero uno se va acostumbrando. Al fin y al cabo los años, la experiencia y los recuerdos rotos no perdonan. Ni el pasado. Y estoy seguro que él sabe mucho de eso, al menos me lo ha parecido a mi. 

martes, 12 de febrero de 2013

Desearía estar allí contigo

Desearía estar allí contigo. Sintiendo esa sensación que sentía hace unas semanas, cuando ponías tu mano sobre mi mano y me decías al oído que me amabas. Quisiera estar allí para poder de nuevo disfrutar de nuestro tiempo e ir a todos los sitios donde fueran posibles sólo para saltar de alegría y proclamar al viento que somos los más felices de la tierra. Desearía poder colarme en los baños de la estación y mirarme al espejo, asimilando que vuelvo a estar contigo después de unos meses de espera, que en segundos te voy a ver, mientras me limpio las lágrimas de emoción que recorren mi cara. Desearía ver mi imagen reflejada en esa superficie y llenarme de valentía al pensar en nuestro encuentro. Desearía salir, y mirar a todos los lados para buscarte entre la gente que se pierde por el recinto, ensimismados en su mundo. Y que aparecieras, eso sería lo más maravilloso del mundo. Que aparecieras apoyado en la pared con una rodilla doblada, como decíamos antes de conocernos. Cruzar las miradas y sentir que el miedo escapa de nuestra irrompible cadena. Que todos los malos ratos y todos los 'te echo de menos' se van de una vez y se sustituyen por besos, abrazos y para siempres.

El papa monta ''la de Dios''

Benedicto XVI señalando a su sucesor. 
La verdad es que la noticia de que el papa dimitiría este 28 de febrero nos ha sentado a todos como una sorpresa que nadie se imaginaba que iba a ocurrir tan pronto. Y es que algunos si hace falta irían a misa todos los domingos para (si así fuera) no ver en el trono papal a este fichaje. Sigo pensando que en sus orígenes, la Iglesia era mucho mejor de lo que es ahora, sin papas ni edificios. Hace tiempo vi una película que decía que 'la verdadera iglesia está en el corazón y no en los edificios de madera o de piedra'. Ya que mi ideología no se basa en las palabras que este señor dice, solo me limitaré a decir que estoy totalmente de acuerdo con la frase de la película.

Según la prensa, el papa dimite 'por falta de fuerzas' y es que después de cinco años, ya estará cansado de gastar dinero en gilipolleces y soltar tonterías por la boca. O quizás, haya decidido retirarse para disfrutar del ocio infantil. No digo que no haya hecho cosas buenas, pero claro, eso es lo que diría un cristiano normal y corriente, y como yo no soy cristiano ni quiero serlo, pues estoy totalmente en mi derecho de criticar, al igual que todos los altos cargos de la Iglesia ''decentes'' hacen también: criticar y meterse en lo que no deben. 

La verdad, y en el muy fondo, echaré de menos al ex-nazi este, ya que me pasaba todo el día criticándolo. Creo que las verdaderas razones por las que dimite es por lo que se le viene encima. Si no me equivoco, la Iglesia cada vez coge más mala fama y las nuevas generaciones ya no son como las de antes. Muchos jóvenes pasan olímpicamente del circo Vaticano y los adultos que todavía tienen esperanzas en él obviamente no son eternos. ¿O quizás pasan a mejor vida después y siguen dando porculo? Lo dudo.

martes, 29 de enero de 2013

A las catorce y veinticinco.

Despertó tras dormir unas cuantas horas. Ya era por la mañana y el Sol ya estaba en lo más alto del cielo. Miró el reloj: las diez. Sus ojos marrones estaban asimilando la luz que poco a poco entraba por la ventana.. Se desperezó y comprobó que él no estaba a su lado en la cama. Se mostró extrañado, pues siempre se levantaba antes. En ese momento sonrió; sabía lo mucho que le gustaba dormir. ¿A dónde habría ido tan temprano?

No tardó en sacar algo de ropa limpia del armario y colocarla en una percha del baño. Entró a la ducha con él en la mente, preguntándose que urgencia podría haberle ocasionado levantarse a tal hora de la mañana. No era propio de él, definitivamente. Salió de la ducha y, mientras sus pies cubrían el mojado suelo del baño, miró al espejo y sonrió. Su sonrisa no se podía comparar con nada, porque sencillamente era única. Y no por el simple hecho de su brillo, sino por el hecho de que nunca paraba de mostrarla, ya fuera en las situaciones más incómodas de la vida o en las más graciosas. No dejaba de sonreír, porque para él, era una metáfora de seguir siendo feliz en todo momento. 

Pasó la mañana de aquí para allá, limpiando y ordenando un poco la casa y comprobando que todo estaba bien. También dedicó una parte de aquella maravillosa y soleada mañana a estudiar unos apuntes de medicina que había dejado abandonados la noche de antes, cuando cayó en brazos del sueño sin darse cuenta. Tuvo la mente ocupada en fórmulas e imágenes del cuerpo humano hasta que el timbre de su casa sonó. Antes de abrir pasó por aquella estantería que tantos libros contenía. Sonrió de nuevo al ver su foto en el estante superior. Allí estaban los dos, inmortalizados para toda la vida en forma de fotografía. Miró la hora: eran las catorce y veinticinco de la tarde.

Al abrir la puerta, todos sus sentidos se bloquearon. Era él. Pero no venía solo. Alguien le acompañaba. Esta vez no era la policía con motivo de algún escándalo en alguna noche de fiesta desfasada. Tampoco era la típica vecina que pedía sal. Observó que él llevaba entre sus brazos un bebé; una niña. La pequeña clavó sus ojos grises en las de él, que se apoyó en la puerta para no caerse. No sabía que decir, estaba conmocionado. Los apuntes de medicina se convirtieron de pronto en felicidad instantánea  desplegando una sonrisa de sus labios que solo podía descifrarse como amor. 

- Saluda a tu padre, Eva. Es el protagonista de una gran historia.- dijo él, meciendo a la niña en brazos, enviándole miradas de ternura y cariño, mientras besaba al sorprendido, que a duras penas debido a la emoción y a la felicidad que sentía, pudo susurrar un 'te amo' entre lágrimas.

martes, 20 de noviembre de 2012

La noche del gato

Hoy os traigo un pequeño cuento que escribí el otro día a las cinco de la mañana. La verdad es que el reto de escribir un cuento de psicología cotidiana después de venir de fiesta no es una de mis aficiones favoritas, pero bueno, se presentó la oportunidad y no la desaproveché. 'La noche del gato' habla de un hombre, Vetmi, que lo ha perdido todo en la vida y sale a la calle a llorar sus penas, cuando de pronto se encuentra con un gato de ojos brillantes que habla. Aunque el gato...esconde un secreto que le traerá terribles consecuencias a nuestro protagonista.

LA NOCHE DEL GATO
Escrito por Miguel Lucena


Eran más de las doce de la noche cuando Vetmi absorbió el humo de su último cigarrillo y se dispuso a bajar la calle de la ciudad. Todas las ventanas estaban cerradas. Se podía decir que ningún alma se atrevería a pisar aquellos charcos que brillaban a la luz de la nublada Luna. Mientras bajaba la increíble cuesta que adornaba la calle principal, tiró el cigarrillo hacia una farola cercana y se paró en seco a pensar en unas cuantas cosas que rondaban en su cabeza.
<< ¿Por qué la mala suerte me acompaña estos últimos días? Me doy asco. Ahora sí que me arrepiento de no haber vivido mi vida; he desperdiciado mi única oportunidad de ser feliz. >> 
- ¿De verdad crees eso?- preguntó una voz a sus espaldas.
Vetmi miró hacia ambos lados pero no vio nada. Se preguntó quien habría sido capaz de leerle la mente. Quizás serían imaginaciones provocadas por los sorbos de la botella de ron que llevaba en la mano. Miró detrás de la farola, pero no vio absolutamente a nada ni a nadie.
- ¡Quién anda ahí! ¡Sal de donde estés!
No hubo respuesta. Creyendo que todo había sido una ilusión provocada por el alcohol, siguió caminando. Esta vez, estaba llorando. Sus lágrimas bañaban su rostro como si fueran gotas de rocío que señalaban el amanecer. Pero claro, pensó que todavía quedaban muchas horas para el amanecer.
- No huyas, humano. Sé por qué estás aquí.
Vetmi volvió a mirar a ambos lados de la calle, pero no había nadie. ¿De dónde procedería la misteriosa voz que parecía querer dialogar con él? De pronto, Vetmi no creyó lo que estaba viendo. Un gato, acompañado de otros de su especie, se acercaba sigilosamente al pobre desgraciado. Vetmi se situó debajo de otra farola para verlos mejor. Se hizo el silencio. Los ojos del gato que iba en cabeza brillaban en la oscuridad de la noche. Mostraban elegancia y firmeza a la vez, una mezcla entre misterio e ironía. ¿Cómo podía Vetmi captar todas esas sensaciones si el gato era sólo un animal? Cada vez estaba más convencido de que no debería de haber bebido tanto.
- Así que vagas por las calles tentando al destino, humano aventurero…
Vetmi no era consciente de lo que estaba presenciando: el gato hablaba. ¡Hasta le pareció que sonreía! Los demás gatos se apartaron del que estaba en cabeza, que se acercó aún más a Vetmi. Éste dio un paso atrás.
- ¿Qué eres?- preguntó Vetmi asustado, soltando la botella de ron y sacando la navaja que llevaba encima.
- Soy un gato, normal y corriente, ¿no me ves?
- ¿Y cómo puedes hablar? ¡Eres un animal! ¡Los gatos no hablan!
- Yo soy un gato especial.- dijo el animal mientras sus compañeros se desvanecían en la oscuridad, maullando lentamente.
Vetmi estaba realmente asombrado. Por una parte, estaba allí, al pie de una farola, hablando con un gato sin haberlo visto nunca antes. Por otra, miles de emociones y sentimientos trágicos de su vida se arremolinaban en su cabeza.
- La muerte no es la mejor solución, amigo.
- ¿Quién dice que me voy a suicidar? ¡Tú no sabes nada, gato!
- Oh, sí lo sé. Esa navaja no la vas a usar conmigo, sino contigo.
- Pero qué dic…
- Piensa un segundo, humano. Lo has perdido todo, ¿cierto? Has perdido tu casa, el banco te la ha embargado como si de un juguete se tratara. Tu dinero ha desaparecido, simplemente por el hecho de que te lo has gastado todo en alcohol, y bueno, en esa navaja vieja que tienes entre los dedos. Por último, el amor de tu vida ya no te ama, sino que te ha sido infiel con otro hombre. ¿No son esas suficientes razones para suicidarse?
- ¿Cómo sabes todo eso? ¿Quién eres? ¿De qué me conoces?
- La cuestión no es ‘por qué se todo eso’, sino ‘por qué no tratas de olvidarlo’. ¿Sabes? La vida es demasiado corta para arrepentirse, y no creo que en la vida eterna te dejen hacer lo que hiciste en esta.
- ¿A qué te refieres?
- Me refiero a muchas cosas. Tu vida es esta y tú tomas el control de ella. Nadie tiene que vivirla por ti. Eres tú el que toma decisiones, el que se lleva los malos tragos, el que aprende a ser valiente. ¿Y vas a tirar por la borda todo el esfuerzo que hiciste con una simple navaja de mercadillo?
- ¿Y a ti que te importa mi vida? ¿Por qué me dices esto?
- Te recuerdo que tengo siete vidas, y estoy viviendo mi segunda oportunidad, humano. Ya sé cómo va el juego.
- Vivir… ¿de qué sirve vivir cuando no tienes lo que quieres?
Vetmi miró al gato unos segundos. Le dio de nuevo la sensación de que el animal sonreía irónicamente. Sus ojos cada vez brillaban más. Vio que caminaba hasta posarse sobre un escalón de la acerca. Acto seguido, se lamió la pata, como si estuviese disfrutando de la sensación.
- Mejor dicho, ¿de qué sirve vivir cuando no sabes hacerlo? Vivir no se trata sólo de tener corazón y latidos para alimentarlo. Vivir significa disfrutar de todos los momentos buenos y malos que tiene la vida. Los buenos permanecen como recuerdos inolvidables. Los malos pasan a formar parte de la experiencia. Tienes que vivir al máximo, nunca se sabe cuando puedes morir.
- Quizá la muerte sea la única que me comprenda ahora mismo…
- La muerte no comprende a nadie. Sólo se limita a hacer su trabajo: marcar el fin de la vida. La muerte es tu mejor amiga, pero no tienes que darle el gusto de caer en sus brazos tan fácilmente. Pónselo difícil, juega con ella y diviértete tomándole el pelo.
Vetmi se sentó bajo la farola, en el escalón, a escasos metros del gato, que seguía relamiéndose como si estuviera alegre por algo.
- Sal ahí afuera y demuéstrale a todos que te mereces una oportunidad.
- No quiero falsas oportunidades. Sólo quiero ser feliz. Pero parece que todo el mundo me ha dado la espalda. No puedo hacer lo que quiero. Siempre hay factores externos que me lo impiden.
- Oh, cielos. ¿Vas a impedir que la locomotora de tu autoestima se pare bruscamente? ¡Ve de fiesta, haz locuras y diviértete!
- Si eso fuera tan fácil…
- No eres tan mayor.- se atrevió a decir el gato mirando al pobre hombre con ojos convincentes.- Todavía te queda mucha vida por disfrutar. Tu cuerpo es bello y sano. Disfruta de las miles de personas que te están esperando fuera de esta farola. ¿Por qué reprimirte cuando te puedes entregar perfectamente al placer de la carne? Los seres humanos tenéis necesidades, y una de ellas es la lujuria. Os hace sentir bien.
- No me puedo creer que un gato me esté hablando de esto…- dijo Vetmi asombrado, al borde de la locura.
- Piénsatelo bien, amigo. ¿Por qué huir del regalo de la vida si puedes pasarte noche tras noche siendo un lobo hambriento?
El gato sonrió. Hizo un gesto para que Vetmi le siguiera. Éste, aún sin creerse que estaba conversando con un gato en mitad de la noche, le siguió con miedo. El animal le condujo a un lugar que parecía un pequeño descampado lleno de basura. Allí había unos cuantos cubos de basura y una tremenda y escalofriante oscuridad. De las tinieblas empezaron a surgir siluetas que parecían fantasmas, aunque sólo eran gatos maullando. Se acercaron a Vetmi y lo envolvieron como si fueran espectros transparentes. Vetmi intentó apartarse a los animales de encima pero estaba paralizado. ¿Qué le estaba pasando? Sentía que un sudor frío le azotaba la frente. Estaba agobiado. Sentía una sensación horrible, entre el miedo y la desesperación. Mientras, el gato parlanchín y de ojos brillantes le miraba con una sonrisa. Vetmi dejó caer la navaja y notó como los espectros que lo envolvían iban desapareciendo poco a poco.
- ¿Qué me has hecho?
- La pregunta no es esa, humano. La pregunta es: ¿Qué has hecho tú?
- ¡Esos fantasmas me han hecho perder la razón!
- No estás loco, amigo mío.- continuó el gato relamiéndose de nuevo la pata. Sus ojos se clavaron en los de Vetmi, acompañados de una sonrisa pícara y blanca.- Sólo estabas disfrutando tus últimos momentos de vida terrenal, si quieres llamarlo así…
- ¿Quieres decir que…?
- Exacto, humano. Te di la oportunidad de escapar cuando te hice la señal para que me siguieras hasta aquí. Pero no fuiste un chico listo. Desaprovechaste la última oportunidad que te dio la vida bajo la farola.
Vetmi dio un paso atrás y miró al gato con rabia. Intentó escapar pero más de veinte gatos le cortaban el paso con gestos de enfado. El gato que hablaba caminó despacio y lo miró con una sonrisa.
- ¿Alguna vez has visto a un gato sonreír, humano? Porque esta es la última vez que lo vas a ver.
- ¿Qué eres en realidad? ¡Tú no eres un gato normal y corriente!
- Tenías que haberme acusado de esa manera la primera vez. Te hablé sobre los placeres de la vida, del regalo de nacer y morir viejo. De que la muerte todavía no está lista para recibirte. Y aún así, decidiste seguirme después de la charla asumiendo todas las consecuencias. Efectivamente, no soy un gato normal y corriente. Soy algo más poderoso y oscuro que eso.
El animal caminó algunos pasos hacia una pared que protegía el descampado y su sombra se proyectó bajo unos focos encendidos que pertenecían a una fábrica cercana. Vetmi pudo comprobar que no era una sombra normal de gato. Era como si su estatura hubiera cambiado; ahora era más alto. De su cabeza no salían dos orejas, sino dos cuernos de cabra bastantes grandes. La cola se volvió más larga y las patas de gato se convirtieron en pezuñas. El gato con el que había estado hablando desde el principio no era un animal. Era el mismísimo demonio.
- Dios mío… ¡SOCORRO!
- ¡Tuviste la oportunidad de ver mi sombra bajo esa farola, ya que su luz la proyectaba en la pared! ¡Pero estabas demasiado ocupado pensando en si mi voz era real o no! Perdiste tu tiempo, ¡como lo has hecho durante toda tu vida! Tu mala suerte sólo es culpa tuya, y no del dinero, ni de tu casa ni de tu esposa. ¡Fuiste tú el que desaprovechaste todas las oportunidades que te ofreció la vida! ¡Aún estando al filo de la muerte, pudiste escapar de mis garras! ¡Pero decidiste seguir a un gato que habla en vez de ser feliz y escapar! Un pobre desgraciado, ¡eso es lo que eres!
Vetmi se quedó petrificado. Los gatos que le cortaban el paso se iban acercando cada vez más a él. Satanás mantenía sus pezuñas en alto, dispuesto a atacar. Vetmi se agachó y cogió la navaja que antes se le había caído cuando estaba aprisionado por los espectros. Miró al demonio por última vez con lágrimas en los ojos y puso la navaja frente a su pecho.
- Todavía me queda una salida.
- ¿Una salida? ¡No me hagas reír! ¿Es lo único que se te ocurre decirme segundos antes de ser despedazado por el demonio y más de veinte gatos?
- Cuando ya no hay puertas para abrir y encontrar caminos, la única cosa que te queda por hacer es salir de la puerta en la que estás.
Vetmi miró al cielo y se penetró la navaja en el corazón. Cayó al suelo con el pecho ensangrentado. El demonio lo observó con una sonrisa pícara. Los demás gatos se desvanecieron. Satanás se acercó al cadáver de Vetmi y lo observó minuciosamente.
<>. Y desapareció.

jueves, 31 de mayo de 2012

Fuckin' Perfect...

Me siento abrumado. La verdad es que no tengo ganas de nada. Algunas personas dicen que soy insoportable, que siempre estoy de mal humor. Quizás tengan razón y sea un amargado, o por lo menos esté estos días, amargado completamente. No creo que sea ningún trastorno de personalidad o alguna enfermedad rara. He estado resfriado varias semanas y él ya me ha abandonado hace días. Es como si estuviera en el limbo, y contra el mundo. Contra todos los que me quieren. Me resisto a nada. Cosas sin sentido, sin ton ni son. 

La verdad es que no sé lo que me pasa. Tampoco sé porque estoy escribiendo esto y porque están resonando estas palabras en mi maldita mente. Tampoco sé lo que voy a hacer mañana. A lo mejor me amargo como todos estos días. A lo mejor decido ser feliz, aunque no lo consiga. Bah, ya todo me parece sin sentido. No valoro las cosas y cosas importantes que me pasan, las menosprecio. Todo me da asco. A lo mejor es culpa mía, aunque solo cabe la posibilidad.

O a lo mejor la causa de mi abrumación seas tú. A lo mejor eres tú la que altera mi rutina. Eras jodidamente perfecta para mí.

''Dos personas no pueden ser amigos si ha habido amor verdadero antes''

lunes, 16 de abril de 2012

La conocí una noche en el karaoke...

La conocí una noche en el karaoke. Vestía tan bella, tan peculiar. Me acerqué a ella con el vaso de ron en la mano y la besé en la mejilla. Después le susurré al oído que si quería cantar una canción conmigo. Con una pequeña sonrisa me dijo que sí. Me ruboricé y le di a mi fiel amigo la copa de ron. Estaba dispuesto a bordar la noche con aquella chica que apenas subía el escalón del escenario. Nos disponíamos a cantar una canción que a mí me encantaba. Parecía que a ella le volvía loca ese tema. Mientras empezaba la canción, me fijé en su pícara belleza. Tenía los ojos pintados de negro de una forma tan especial que casi se me cae el micrófono. Me quería perder en esos labios rojos y en ese pelo largo y liso con flequillo discreto. Vestía una falda marrón, camiseta negra y medias. Lo que más me gustaba de su vestimenta eran sus complementos. Un collar con perlas menudas y brillantes adornaban su cuello aquella noche. Los focos nos alumbraron como a dos estrellas. Era una noche para pasarlo bien, beber y olvidar. Los amores pasados no importaban. Ni siquiera me importaba el como iba a llegar aquella noche a mi casa, cuando el Sol rayara las primeras nubes del horizonte. Sólo tenía dos cosas en aquella velada: Ella y el micrófono para hacerla brillar. La letra pasaba rápida y ella me miraba en el estribillo siempre. Nunca antes había sentido tantas ganas de sentirme libre, de olvidar todo lo que se pueda olvidar. Le guiñé un ojo y seguía cantando. Por un momento la cogí de la mano y subí un poco el tono de mi voz. Su potencial voz cubría todas mis penas aquella noche. Era como si un ángel hubiese bajado desde el cielo y me hubiera alumbrado con su varita mágica. Esa noche era la reina. Y yo su rey. Esa noche éramos dos estrellas, que buscaban brillar y enamorarse en el gigante cielo estelar de la vida.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Tú eras mi June y yo tu Johnny Cash


Estoy frente a la pantalla del ordenador, minutos antes de irme a la cama. Mañana será un día largo, puesto que no me hacen mucha gracia las asignaturas que tengo en las primeras horas. Además, levantarme temprano no es lo mío. Odio tener ojeras y odio saborear el aliento madrugador de las 7, que es cuando suena el despertador. 

Hoy he estado pensando en nosotros. En la diferencia entre el 'tu' y el 'yo'. Aunque quiera olvidarte, no lo voy a poder hacer. Podré enamorarme, sentir de nuevo o como quieras llamarlo. Pero nunca podré borrarte de mi memoria. Aunque sólo te tenga como una falsa esperanza echada a perder. Fue demasiado tiempo juntos, creyendo en una tontería que acabo en un triste final, pero que retomó el camino y llegó a ser final medio-feliz. Hay cosas que ni siquiera nosotros entendemos. Hay miles de preguntas que nos hacemos cada día, buscando sus respuestas y preguntándonos por qué fue así. Pero nosotros no tenemos esas respuestas. El tiempo se las llevó a la tumba del pasado. Y sólo se puede acceder a ellas mediante el recuerdo. 

Cada vez que escucho esa canción, me imagino contigo en un escenario, bailando al ritmo del country de Johnny Cash. Como si fuéramos él y June, sumergidos en un sueño del que no quisiéramos despertar jamás. Parecía tan bonito todo cuando nos reíamos y nos veíamos. Parecía tan real, aunque estuviésemos tan lejos. Tan lejos...y a la vez tan cerca. Aunque le diste un giro a todo y lo echaste todo a perder. Porque realmente quién sufría era yo, y eso tú no lo sabías. 

A veces me pongo a pensar y me llamo 'tonto' a mí mismo mil veces. Tonto por creer que esto tiene esperanzas. La esperanza es lo último que se pierde siempre. Yo ya lo he perdido todo. Supongo que nuestra mente no está preparada para eso. No está preparada para sentir. De eso se encarga ya el corazón...Aunque el silencio a veces es la mejor forma de sentir, y aunque no lo creas, ese era mi único tesoro. Echar de menos es normal, e incluso común. Ni te imaginas lo que he llegado a hacer por ti, pero a ti eso te daba igual, porque fuiste la que se escapó.

viernes, 13 de enero de 2012

#5 Things only happen one time (English Version)


When you're born, everything revolves around you. Your parents get crazy with you and at the moment you were born, they are caring. They ensure for your security and your welfare. While they do this, you grow up and grow up. When you enter to school at first time, you make new friends and you begin to discover a new world that you had never lived before. From this moment, you train for your future, for your aim. It's beautiful to remember those breaks covered with fun, where you played football or talked with all your friends. Remember those boring classes where you fell asleep. Remember those school's corridors, the music room and the laboratory, the dining hall and the assembly hall, where you sang carols due to Christmas and you enjoyed to rehearsing plays. Remember when you felt important, reading a speech while the others looking at you, spellbound. They thought that maybe you were right. Remember the teachers and your old partners and the friendship that you shared with them. Remember your last day in your old school. Perhaps that day was one of the saddest days in your life. Leave from the place where taught you life lessons and good behaviour... go away forever and not come back to step the classrooms and the dining hall. Or the music room or the corridors. Even neither the assembly hall, where the people listened to you and your mother saw you when you performed a play or when you received the elementary border. Not playing football again, or skipping rope and hoops. And about all, say goodbye to the large moments between partners. People who stayed in the memories' attic...

Time after, come back. Coming back with a few years and compare what you learnt there and how much that it was useful for you in your life. Looking around all the rooms and the corridors. Step after five years the assembly hall where you did your first speech or where you performed your first play. Going into in the music room , when you played your first musical instrument. Going into the laboratory where you discovered the chemicals and minerals. Coming back to talk with your old teachers and looked at his eyes, covered with past and experiencies. It's beautiful that they remembered you without nothing had changed. It's beautiful that they remembered the tears that you spilled at final farewell. It's beautiful that you remember this forever. It will be beautiful while all those things go on alive in your memory and your heart. 

#5 Las cosas sólo pasan una vez


Cuando naces, todo gira a tu alrededor. Tus padres se vuelven locos contigo y desde el primer momento, te están cuidando. Velan por tu seguridad y tu bienestar y tu mientras, creces, creces, y sigues creciendo. Al entrar en la escuela, haces nuevos amigos y empiezas a descubrir un mundo nuevo que nunca antes habías vivido. Es cuando empiezas a formarte para el futuro, para tu meta. Recordar aquellos recreos llenos de diversión, en los que jugabas al fútbol o charlabas con tus amigos y amigas. Recordar aquellas clases tan aburridas que te dormías enseguida. Recordar aquellos pasillos de tu colegio, las aulas de música y el laboratorio, el comedor y el salón de actos, donde cantabas villancicos por Navidad y te divertías ensayando teatros. Recordar cuando te sentías importante leyendo un discurso, mientras los demás te miraban embobados, pensando que quizás tuvieses razón en lo que decías. Recordar a los profesores y a tus antiguos compañeros, a lo bien que te llevabas con ellos y lo mucho que vivisteis juntos. Recordar el día de la despedida. Quizás fue uno de los muchos momentos tristes de tu vida: marcharte del sitio que te acogió para enseñarte lecciones de vida y buen comportamiento... marcharte para siempre y no volver a pisar sus aulas ni su comedor. Ni su aula de música ni sus pasillos, e incluso ni su salón de actos, donde la gente te escuchaba y tu madre venía a verte cuando hacías alguna representación teatral o recibías la orla infantil o primaria. No volver a jugar al fútbol, o a la comba o a los aros. Y sobre todo, decir adiós a los momentos juntos entre antiguos compañeros y profesores. Personas que se quedaron atrapadas para siempre en el ático de los recuerdos...

Tiempo después, volver. Volver con muchos años de más y comparar lo mucho que aprendiste allí y lo mucho que te sirvió para conocer lo que aprendiste ahora. Volver a recorrer todas sus aulas y sus pasillos. Pisar después de cinco años el salón de actos donde pronunciaste tu primer discurso o representaste tu primera obra. Adentrarte en la aula de música donde tocaste por primera vez un instrumento o en el laboratorio, donde entraste en contacto con los minerales o sustancias químicas. Volver a hablar con los profesores y mirar sus ojos, llenos de pasado y vivencias. Bonito es que te recuerden como si nada hubiese cambiado. Bonito es que te recuerden las lágrimas que derramaste en la despedida final. Bonito es no olvidar nunca lo que supuso aquello para tí. Será bonito, mientras siga vivo en tu memoria y en tu corazón.

jueves, 5 de enero de 2012

#4 La ilusión de un niño


Habrá días buenos y días malos. Habrá días en los que no tendrás ánimo para nada, y otros días en los que saltarás de alegría como un loco. Y habrá días en los que no serás tú. Pero a pesar de tus cambios de humor, hay algo que se mantiene invariable: la ilusión de un niño. Hoy es día 6, Día de Reyes. Da igual que pienses, a tu edad, que los Reyes Magos no existen. Da igual que pienses que la inocencia de un niño no se puede defender contra dichas afirmaciones. Lo que importa es que él es feliz creyendo. Hoy he aprendido una gran lección, y es que si crees en lo imposible, puede que no lo sea tanto, porque eres feliz creyéndolo. Los niños creen en estos personajes porque los sienten de verdad y están llenos de ilusión por ver los regalos debajo del árbol. Es la ilusión y la alegría que los niños ponen en verlos, que forjan la propia tradición y felicidad de todos los de su alrededor. Y eso es lo que les hace feliz a los suyos. Por mi parte, la ilusión y la propia sonrisa de un niño, es lo más inocente, puro y bonito del mundo. 

¡Los Reyes de Oriente están en crisis! Y por eso, su cabalgata cordobesa no ha tenido mucho arte, pero ha estado bien. Al igual que el alumbrado, da mucho que desear, puesto que las dos cosas han estado mejores años anteriores. ¡Pero la alegría, la ilusión y los regalos tapan esos agujerillos!

Feliz Día de Reyes, y ojalá que no os regalen nada carbón...

Y hablando de Reyes, ¿cuantas veces fue a saltar Baltasar y se cayó?

domingo, 1 de enero de 2012

#1 Feliz Año Nuevo


Ya se pasa otro año, parece mentira lo rápido que pasa el tiempo. Hace apenas algunos meses, estaba destrozado y sin ánimos para nada. Ahora, estoy mucho más feliz. Se diría que he empezado el año genial. La verdad es que he vivido la mejor Nochevieja de mi vida por dos razones: he estado con varios de mis mejores amigos y me lo he pasado en grande con ellos. Por lo menos, vuelvo a creer en la Navidad poco a poco. Sé que, como mi amiga Almu dice, es una fiesta inventada por las personas ya que sólo son días normales. Pero, ya que la inventan, pienso sacarle partido al máximo. Ésta es la época del año en la que siento algo especial. Como si toda la magia de todo el año se reuniera en un punto único. Es como si todas las emociones y las sorpresas volvieran a sorprenderme por segunda vez. Pienso que la Navidad tiene algo especial, por el simple hecho, de que gracias a esas fiestas y celebraciones, la gente se divierte más y puede pasar más tiempo junto a las personas que más quieren. Y eso es con lo que nos tenemos que quedar.

¡No me lo puedo creer! El 31 de diciembre de 2011 (concretamente ayer) fue el primer día en el que mis padres me dejaron llegar de fiesta a las 10 de la mañana. Y yo no les he querido estropear la ilusión de dejarme, aunque no me ha costado mucho. Quizás mis padres tengan en cuenta mi responsabilidad de todos estos años y habrán dado por hecho de que soy un chico que no se mete en problemas y que no monta líos. Creo que sólo lo segundo es del todo cierto, ya que a veces, la falta de responsabilidad me juega malas pasadas.

Y después de las campanadas (que por suerte no las presentaba Marisa Naranjo*) me lancé a pasarlo bien y estar toda la noche de fiesta (con moderación a la hora de beber y sin moderación a la hora de bailar)

Y para terminar mi primera entrada del año, os deseo Feliz Navidad, Año Nuevo y Reyes (que por cierto, ¿se habrán cansado la Virgen y San José de esperar en el portal su llegada durante más de una semana?)

¡Feliz año nuevo!

*En la Nochevieja de 1989, esta pobre mujer (encargada de dar las campanadas en TVE) confundió los cuartos con las campanadas y toda España (excepto Canarias) entró en el nuevo año antes de tiempo.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Querido 2012, te escribo esto...


Querido 2011, empezaré contigo primero. Ya que te vas, me gustaría decirte que para mí, no has sido un buen año. No tienes la culpa, claro. La tienen las personas y los sentimientos que han hecho de ti una verdadera pesadilla. Pero todo no es malo. Ha sido un año en el que me he descubierto a mi mismo y he descubierto nuevas sensaciones y experiencias (algunas han sido buenas y otras terribles, que prefiero no recordar) He conocido a gente nueva y he hecho muchas cosas. La verdad es que de lo que más orgulloso me siento es de seguir como soy, yo mismo. Estoy escribiendo esto a escasas horas del 2012. Otro año que pasa, sin remedio. Otro año que marcará nuestras edades y nos hará madurar y ponernos a prueba con desgracias, sorpresas...Solo pido que el 2012 sea un poco mejor. Accidentes de tráfico hay siempre, peleas, desastres...es inevitable. Espero seguir conociéndome a mi mismo con el paso de los años como este, y seguir siendo la persona en la que me he convertido. No cambiar por nada del mundo, ni por los hechos del destino, ni por cualquier persona. 

Dejo en tus manos la paz, el amor y la libertad, 2012. 

lunes, 5 de diciembre de 2011

1. Y resurgiré de mis cenizas como el Ave Fénix...


Ya casi es Navidad, y el invierno se ha ceñido sobre mi pueblo. El aliento del verano ha dejado paso al frío y a la lluvia. A veces, de tan solo pensar en que se acaba otro año, me pongo enfermo. Todos los recuerdos y las experiencias se van con él, a no sé que lugar. Aunque no os lo creáis, nunca he vivido ninguno Navidad en condiciones. Ha habido veces que me lo he pasado bien y todo, pero falta algo...algo que pone broche de oro a mi Navidad. Quizás sea mi imaginación, pero no sé. Lo que sí se es que estoy más raro de lo normal. Veo la vida de otra manera, de una manera más suelta y ligera. Es como si el tiempo pasara por mi lado y no me diera cuenta de que lo estoy desaprovechando. Como si algo en mi interior no me dejara liberarme de una vez. El agobio me obliga a callar en silencio y llorar a escondidas, lleno de rabia. Ya no soy el Miguel del pasado. Ahora soy alguien nuevo, que se ríe de la vida y la gente. Que le importa un pito la mente humana. Y aunque a veces me queme en el más profundo de los lamentos, resurgiré de mis cenizas como el Ave Fénix.

~ Hoy la he visto. Intercambiamos miradas e intentó decirme algo, pero no la escuché. Las ganas de odiarla y la música a todo volumen de mis auriculares no me lo permitió. ~

''Hoy la tierra y los cielos me sonríen,
hoy llega al fondo de mi alma el sol,
hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado...
¡hoy creo en Dios!''

G.Adolfo Bécquer

Un servidor, madrugada del 5 al 6 de diciembre 2011,
Miguel.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Tenemos derecho a la libertad


¿Qué es lo que realmente estamos haciendo con nuestra vida? ¿Por qué dejamos que nos coman la cabeza y que nos manipulen? Cada persona tiene su personalidad y ella es la que tiene que llevar el control, no lo demás. Religión, política, publicidad...¿no os dais cuenta que somos esclavos de la sociedad, que nos creemos lo primero que oímos por internet o por la misma televisión? Tenemos que madurar más de corazón y abrir nuestras mentes para ser libres. ¿Qué sentido tiene estar aquí, pisar la realidad? Ni ningún órgano religioso ni político nos tiene que guiar a la salvación o al bienestar. No sirven para nada, solo para crear falsas esperanzas a la humanidad. Nosotros tenemos el control. Nosotros tenemos nuestra propia libertad de expresión y de conciencia para hacer lo que queramos. Nadie nos tiene que decir lo que tenemos que hacer. ¿Leyes? ¿Qué leyes? La única ley que vale es la ley de la paz, el amor y la libertad. La ley de ser nosotros mismos y hacer lo que mejor nos convenga. No dependemos de gobiernos ni chorrados. Dependemos de nosotros mismo, de nuestro corazón. Tan libre es un hombre como una mujer. Si queremos evolucionar, tenemos que aprender a vivir con ello. Tenemos que ser abiertos de mente y dejar la antiguedad atrás. Tenemos que dejar los partidos políticos y las religiones absurdas. Son solo cuentos llenos de esperanzas falsas.

miércoles, 26 de octubre de 2011

YO NUNCA


Ahora mira esta puta entrada de mi blog y piensa un poco en la sociedad de hoy en día. Abre tu mente y libérate.

YO NUNCA discriminaré a nadie por ser como es. Da igual si esa persona tiene una orientación sexual diferente a la común o una raza diferente. Da igual que esa persona sea cuerdo, loco o discapacitado. Da igual que esa persona esté discriminada por este gobierno, yo la querré tal y como es. Todos somos iguales.

YO NUNCA le diré 'no' al amor. Da igual que jueguen con mis sentimientos o que me hayan destrozado el corazón. Siempre me mantendré fuerte y fortalecido. Da igual que pase momentos de crisis, los superaré. Nunca renunciaré a la maravilla más increíble del planeta, a la sensación por la que realmente merecemos vivir.

YO NUNCA permaneceré esclavo de mis sentimientos. Nunca intentaré aferrarme a ningún pensamiento que esté fuera de mi ideología. Nunca me comerán la cabeza ni me harán chantaje emocional. Siempre seré libre para pensar lo que me de la gana y nadie tiene que pensar por mi, ni nadie me tiene que decir lo que tengo que hacer. 

YO NUNCA renunciaré a la libertad. Siempre seré libre de mis actos y gozaré de mi libertad con total comodidad. Nunca le haré caso a los cotillas y a las personas que intentan arruinarme la vida. No le haré caso a los comentarios de la gente y seré yo mismo, sincero y sin prejuicios.

YO NUNCA me creeré ninguna palabra de ningún político. ¿Qué es la política? La vergüenza del pueblo. El pueblo tiene que tener el poder porque sin él no habría ni país ni estado ni nación. Debemos levantarnos contra el gobierno, abrirle los ojos y pedir una auténtica democracia de una vez por todas.

YO NUNCA lloraré. Nunca debo derramar una lágrima por alguien que no la merezca. Nunca me vendré abajo por cualquier tontería o susto que haya pasado. No me deprimiré jamás y ni nadie ni nada me borrarán la sonrisa de la cara. Porque la felicidad enorgullece al ser humano y si sonreímos, es siempre buena señal.

YO NUNCA juzgaré mal a nadie sin conocerlo. Debemos ser un poco más abiertos y respetuosos. La ignorancia y la mala lengua sólo nos llevan por el mal camino. Debemos ir por el buen camino mediante el diálogo y el respeto. 

Y ahora, escúchame bien, vas a seguir adelante y dándole patadas al destino como un ser humano que eres. Mantén la cabeza bien alta, ¡y CÓMETE EL MUNDO!


Autor: MIGUEL LUCENA