jueves, 14 de febrero de 2013

Catorce rosas blancas


A ti, querido lector:

¿Algunas veces has sentido que acumulas tanto amor por una persona y tanto orgullo por ella que sientes que vas a explotar de un momento a otro? Quizás me pase a mi eso. Estoy en un estado entre las nubes y la tierra. Me siento en el suelo, pero parece que todo el tiempo estoy volando. Obviamente, nadie me puede cortar las alas, porque el simple hecho de estar tan bien en ese estado, rompe todas las amenazas contra mi eterno vuelo. ¿Algunas vez has sentido que, estando a cientos de kilómetros, lo necesitas más cerca todavía a tu lado, que extrañas tanto sus abrazos y sus besos, su sonrisa al mirarte después de levantarte por la mañana, que sientes que vas a morir? Sí, yo lo he sentido. Extraño todo, sinceramente. Desde el más mínimo detalle al más grande que jamás pude observar. 

Echar de menos es normal, y más sabiendo que todavía faltan muchas semanas para volver a vernos. Pero el simple hecho de estar con esa persona en la realidad, sintiendo cada parte de su cuerpo y cada parte de su forma de ser, dándote cuenta de que lo puedes perder en cualquier momento, que cada día tienes que esforzarte más y más en hacerle feliz y hacerle sentir libre como aquellos pájaros que veremos algún día surcar el cielo de la playa al atardecer, ese simple hecho, te hace sentirte orgulloso de tener a alguien como él.

Y no te cansas de hacerle feliz, de provocarle esa sonrisa que luego te hace sonreír a ti. De inundar vuestras mentes de recuerdos y pasarse toda la noche recordando en aquello y en lo otro, en todas las cosas que se han inmortalizado para siempre. Y lo necesitas, lo necesitas como si te fuera la vida en ello, como si cada gota del oxígeno que respiraras dependiera de él. Como si el hecho de estar tú bien dependiera del hecho de estar bien él. 

Y piensas...
...dar la vida sería dar poco para lo que él se merece.

El errante nocturno


Muchas veces lo veo. Bueno, lo veo demasiado; y todos los días en los que lo veo es por la noche. Dicen que la noche es la parte del día más misteriosa de todas, donde los seres más marginados de la sociedad y los actos indebidos se cometen a todas horas de la madrugada. Nadie puede negar que la noche es su aliada; esa aliada que cada vez que lo ve se estremece para sus adentros, como si quisiera dar paso a su compañero el día y no volver a asomar la cabeza en el mundo. Pero ella, callada, se mantiene como una testigo de su largo infortunio. Y mira su aspecto, bañado en tristeza, y suspira.

El errante no es como los demás. Es diferente. Pasa por donde vivo todos los días, o eso parece. Cuando yo lo veo, pasa. A lo mejor se esconde tras alguna esquina a la espera de que yo salga para pasar él. Aunque no es su imprudencia lo que más me llama la atención, sino su desaliñado aspecto de ladrón indeciso. Los ojos, semillas de la vejez, cubiertos de venas y arrugas, combinadas con un perfecto límite de la edad. Su boca, siempre abierta, siempre cantando algunos versos de cantantes de los años cincuenta. Y su pelo, cubierto de polvo. A veces lleva la piel morena, como bronce. Otras veces la lleva más blanca, aunque su tono siempre es oscuro. Anda a zancadas la mayoría de las veces aunque en algunas ocasiones prefiere mostrar su silencio con pasos cortos y menudos. 

No habla. Bueno, generalizo. A veces sí. Cuando se para a charlar con la gente del lugar parece amigable y simpático. Otras veces se limita a ser cortés de una manera que me pone los pelos de punta, ya sea por la forma en la que lo dice o el interés que le ponga a la situación. Si algún día lo llegas a conocer, no temas. Al principio da un poco de miedo, pero uno se va acostumbrando. Al fin y al cabo los años, la experiencia y los recuerdos rotos no perdonan. Ni el pasado. Y estoy seguro que él sabe mucho de eso, al menos me lo ha parecido a mi. 

martes, 12 de febrero de 2013

Desearía estar allí contigo

Desearía estar allí contigo. Sintiendo esa sensación que sentía hace unas semanas, cuando ponías tu mano sobre mi mano y me decías al oído que me amabas. Quisiera estar allí para poder de nuevo disfrutar de nuestro tiempo e ir a todos los sitios donde fueran posibles sólo para saltar de alegría y proclamar al viento que somos los más felices de la tierra. Desearía poder colarme en los baños de la estación y mirarme al espejo, asimilando que vuelvo a estar contigo después de unos meses de espera, que en segundos te voy a ver, mientras me limpio las lágrimas de emoción que recorren mi cara. Desearía ver mi imagen reflejada en esa superficie y llenarme de valentía al pensar en nuestro encuentro. Desearía salir, y mirar a todos los lados para buscarte entre la gente que se pierde por el recinto, ensimismados en su mundo. Y que aparecieras, eso sería lo más maravilloso del mundo. Que aparecieras apoyado en la pared con una rodilla doblada, como decíamos antes de conocernos. Cruzar las miradas y sentir que el miedo escapa de nuestra irrompible cadena. Que todos los malos ratos y todos los 'te echo de menos' se van de una vez y se sustituyen por besos, abrazos y para siempres.

''Fender''

Autor: Ángel Bernal 


FENDER

I don’t wanna be your boyfriend
I just wanna be your fuckfriend
If we go too fast we’ll collide
Gotta clean our way of oxide
In that way we are going nowhere
We broke it when we were almost there

CHORUS

I don’t love you
Like you want to
And I won’t do
I’m tired of pretending
Love is blurry
Don’t get me hurry
Or I’ll scurry
We will need a fender
Just release the accelerator
Can’t be more than your predator
Nor today nor yet tomorrow
I don’t care you live in sorrow
I don’t feel, that’s not cause I’m timid
In my road can’t pass the speed limit

CHORUS
We will need a fender
We will need a fender
We will need a fender
I’m tired of pretending (x2)

CHORUS

CHORUS

El papa monta ''la de Dios''

Benedicto XVI señalando a su sucesor. 
La verdad es que la noticia de que el papa dimitiría este 28 de febrero nos ha sentado a todos como una sorpresa que nadie se imaginaba que iba a ocurrir tan pronto. Y es que algunos si hace falta irían a misa todos los domingos para (si así fuera) no ver en el trono papal a este fichaje. Sigo pensando que en sus orígenes, la Iglesia era mucho mejor de lo que es ahora, sin papas ni edificios. Hace tiempo vi una película que decía que 'la verdadera iglesia está en el corazón y no en los edificios de madera o de piedra'. Ya que mi ideología no se basa en las palabras que este señor dice, solo me limitaré a decir que estoy totalmente de acuerdo con la frase de la película.

Según la prensa, el papa dimite 'por falta de fuerzas' y es que después de cinco años, ya estará cansado de gastar dinero en gilipolleces y soltar tonterías por la boca. O quizás, haya decidido retirarse para disfrutar del ocio infantil. No digo que no haya hecho cosas buenas, pero claro, eso es lo que diría un cristiano normal y corriente, y como yo no soy cristiano ni quiero serlo, pues estoy totalmente en mi derecho de criticar, al igual que todos los altos cargos de la Iglesia ''decentes'' hacen también: criticar y meterse en lo que no deben. 

La verdad, y en el muy fondo, echaré de menos al ex-nazi este, ya que me pasaba todo el día criticándolo. Creo que las verdaderas razones por las que dimite es por lo que se le viene encima. Si no me equivoco, la Iglesia cada vez coge más mala fama y las nuevas generaciones ya no son como las de antes. Muchos jóvenes pasan olímpicamente del circo Vaticano y los adultos que todavía tienen esperanzas en él obviamente no son eternos. ¿O quizás pasan a mejor vida después y siguen dando porculo? Lo dudo.

martes, 29 de enero de 2013

A las catorce y veinticinco.

Despertó tras dormir unas cuantas horas. Ya era por la mañana y el Sol ya estaba en lo más alto del cielo. Miró el reloj: las diez. Sus ojos marrones estaban asimilando la luz que poco a poco entraba por la ventana.. Se desperezó y comprobó que él no estaba a su lado en la cama. Se mostró extrañado, pues siempre se levantaba antes. En ese momento sonrió; sabía lo mucho que le gustaba dormir. ¿A dónde habría ido tan temprano?

No tardó en sacar algo de ropa limpia del armario y colocarla en una percha del baño. Entró a la ducha con él en la mente, preguntándose que urgencia podría haberle ocasionado levantarse a tal hora de la mañana. No era propio de él, definitivamente. Salió de la ducha y, mientras sus pies cubrían el mojado suelo del baño, miró al espejo y sonrió. Su sonrisa no se podía comparar con nada, porque sencillamente era única. Y no por el simple hecho de su brillo, sino por el hecho de que nunca paraba de mostrarla, ya fuera en las situaciones más incómodas de la vida o en las más graciosas. No dejaba de sonreír, porque para él, era una metáfora de seguir siendo feliz en todo momento. 

Pasó la mañana de aquí para allá, limpiando y ordenando un poco la casa y comprobando que todo estaba bien. También dedicó una parte de aquella maravillosa y soleada mañana a estudiar unos apuntes de medicina que había dejado abandonados la noche de antes, cuando cayó en brazos del sueño sin darse cuenta. Tuvo la mente ocupada en fórmulas e imágenes del cuerpo humano hasta que el timbre de su casa sonó. Antes de abrir pasó por aquella estantería que tantos libros contenía. Sonrió de nuevo al ver su foto en el estante superior. Allí estaban los dos, inmortalizados para toda la vida en forma de fotografía. Miró la hora: eran las catorce y veinticinco de la tarde.

Al abrir la puerta, todos sus sentidos se bloquearon. Era él. Pero no venía solo. Alguien le acompañaba. Esta vez no era la policía con motivo de algún escándalo en alguna noche de fiesta desfasada. Tampoco era la típica vecina que pedía sal. Observó que él llevaba entre sus brazos un bebé; una niña. La pequeña clavó sus ojos grises en las de él, que se apoyó en la puerta para no caerse. No sabía que decir, estaba conmocionado. Los apuntes de medicina se convirtieron de pronto en felicidad instantánea  desplegando una sonrisa de sus labios que solo podía descifrarse como amor. 

- Saluda a tu padre, Eva. Es el protagonista de una gran historia.- dijo él, meciendo a la niña en brazos, enviándole miradas de ternura y cariño, mientras besaba al sorprendido, que a duras penas debido a la emoción y a la felicidad que sentía, pudo susurrar un 'te amo' entre lágrimas.