domingo, 2 de diciembre de 2012

El joven Narciso

Hace tiempo escribí una versión del mito heleno de Narciso y Ameinias, y hoy os la traigo para que la podáis leer. Ameinias, locamente enamorado de Narciso, se suicida al descubrir que su amor no es correspondido. Mientras muere, la diosa de la venganza promete hacerle conocer a Narciso el dolor del amor no correspondido. Narciso sufrirá las consecuencias enamorándose de la única persona que él nunca tendrá: él mismo.

EL JOVEN NARCISO
Escrito por Miguel Lucena


Cuentan las leyendas pueblerinas que no hay más condena eterna que vivir enamorado de alguien que con certeza se sabe que no va a ser correspondido. El amor a veces puede ser una explosión de sensaciones nuevas, aunque otras veces puede ser la mayor de nuestras perdiciones. Algo parecido les ocurrió a nuestros dos protagonistas: Ameinias y Narciso. La amistad puede ser peligrosa cuando se trata de un futuro acercamiento a sentimientos más profundos. Parece ser que dicho proverbio no fue aceptado muy bien por Ameinias, un joven griego que disfrutaba yéndose de caza con su amigo Narciso a los bosques más profundos y misteriosos de su tierra. Éste, siempre gentil y generoso, hablaba animadamente con su compañero de aventuras cuando de pronto, vieron a un ciervo correr como un relámpago entre la hierba. Ameinias se lanzó a cazarlo con su poderoso arco, pero su amigo le paró cuando estaba a punto de disparar la flecha.
- Es sólo una cría, Ameinias. Déjala vivir.
El espíritu noble de su amigo y sus ojos azules que reclamaban clemencia fue lo que hizo que el joven arquero se enamorara de él. Narciso y Ameinias pasaban muchas horas en el bosque. Su afición favorita era discutir de ética con los faunos, que sonrientes, les dedicaban siempre una agradable conversación. Otras veces, las hadas eran las que les pedían ayuda para reunir magia a través de la corteza de los árboles. Donde hubiera un pájaro herido o un espíritu del bosque enfadado, allí estaban Ameinias y Narciso para calmar el ambiente y asegurar que todo estaba bien.

Un día, Ameinias sintió que un aviso en su corazón le impulsaba a contarle la verdad a su amigo sobre sus sentimientos. Entonces, el joven cazador llevó a Narciso a lo más profundo del bosque, cerca de un manantial de claras aguas. Narciso, extrañado por la decisión de su amigo de ir a ese sitio, le pidió explicaciones amablemente.
- Sólo hay una razón por la cual estás aquí, Narciso.- empezó a decir Ameinias con el corazón en la mano y rezando a los dioses para que todo saliera bien.- Nos conocemos de mucho tiempo y cada día nos hemos forjado como amigos hasta tal punto que nos hemos convertido en hermanos. Quería confesarte el secreto que he guardado dentro de mí desde hace mucho. Y espero que ese secreto no rompa nuestra cadena fraternal nunca.
Ameinias cogió las manos de su compañero y respiró hondo, contemplando su reflejo en el lago. Acto seguido, miró a Narciso directamente a los ojos y le besó. Narciso se quedó petrificado, temblando al mismo tiempo que soltaba las manos del joven arquero.
- ¿Qué…acabas de hacer…?
- Mi secreto es el secreto del amor, el amor que siento por ti y que tanto he temido confesarte hasta el día de hoy.
Narciso quedó mudo al oír esas palabras de la boca de su amigo. Con una mueca de rechazo, huyó a toda prisa hacia la salida del bosque, asustado. Ameinias, que no podía creer lo que estaba pasando, se arrodilló frente al lago y contempló su rostro en el agua. Alguien estaba llorando dentro del manantial. Era él. La soledad que sentía al no estar su compañero le hundió todavía más. ¿Con quién descubriría la magia en la corteza de los árboles para las hadas a partir de ahora? ¿Quién conversaría con los faunos sobre ética? Ameinias, que parecía enloquecer por lo que había hecho, se dirigió hacia la salida del bosque, destrozado y acompañado por un cortejo de lágrimas que parecían no tener fin.

Pasaron los días y Narciso no volvió a ver al joven cazador. Éste se pasaba todo el tiempo en su casa, destrozado. Ya no tenía ganas de salir a cazar o pasear por el bosque. No sin Narciso. Muchas veces intentó ir a su casa para tener noticias de él, pero la puerta nunca se abría si era Ameinias el que llamaba. Una noche, ensimismado en su propia locura y desesperación, Ameinias cogió un puñal de la mesa de su cocina y se dirigió a la casa de su amado, con los ojos llenos de lágrimas y la mano sangrando de tanto apretar el mango del cuchillo. Tenía una rabia contenida en el cuerpo que no sabía de qué manera la podía hacer explotar. Las velas de la casa de Narciso estaban apagadas. Parecía que no había nadie en ella. Ameinias dio unas vueltas alrededor del edificio, esperando a que alguien viniese. Estaba loco por saber algo de Narciso, aunque fuese un segundo de su vida después de lo que pasó. Ameinias miró el puñal. Sabía perfectamente lo que hacer con él.
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No había número de lágrimas para describir el llanto de Ameinias por el rechazo de Narciso. Cuando el puñal estaba a punto de rozar el pecho del joven, la diosa apareció en forma de luz.
- Quieto, Ameinias.
Ameinias se vio sorprendido por la cegadora luz que tenía voz de mujer. Era la diosa Némesis, la diosa de la venganza, que había hecho acto de presencia sobre el tejado de la casa de Narciso.
- ¡Alabados sean todos los dioses! ¡Alabada sea la diosa Némesis!
- ¿Qué te araña la conciencia, joven cazador?
- Alguien que vive a escasos centímetros de aquí pertenece a mi corazón. Pero él no quiere saber nada de mí. Y quiero acabar con este sufrimiento mediante mi propia muerte.
- ¡No seas cobarde, Ameinias! ¡Y afronta el olvido como un hombre!
- No hay tiempo para afrontar nada. ¿Acaso puedes hacer que me ame?
- No puedo hacer que tu amado te ame. Ni tampoco puedo hacer que tú le olvides. Pero puedo hacer que sienta el mismo daño que tú estás sintiendo por no ser correspondido.
- Eso me consuela. Aunque sigo pensando que ya no valgo nada si no tengo sus palabras.
Ameinias levantó el puñal y envuelto en lágrimas se lo clavó en el corazón. La luz se oscureció y se volvió más negra.
- El amor duele mucho más que esta herida de puñal…- dijo Ameinias. Cayó al suelo inerte, con sus ojos clavados en la casa de Narciso. La luz del tejado desapareció tras un estallido.

Liríope, la madre de Narciso, encontró el cadáver del joven Ameinias unas horas más tarde. Cuando Narciso se enteró de la muerte de su amigo ardió en locura y se dirigió al bosque. Mientras sus lágrimas brotaban de sus ojos, observó que los faunos y las hadas lo evitaban, escondiéndose en los huecos de los árboles y entre los arbustos. La noche parecía llegar a su fin y los pájaros que cantaban para anunciar la mañana no hicieron acto de presencia. La vida en el bosque estaba paralizada. Parecía como si el tiempo se hubiera parado. Todo estaba más oscuro de lo normal y el silencio protagonizaba una de las estampas más tristes de las profundidades de aquel paisaje. Narciso corrió y corrió hasta llegar al manantial donde Ameinias le había confesado su amor. Recordó los momentos felices junto a su amigo y se arrepintió de la reacción que había tenido aquel día. Miró las claras aguas que brillaban con los primeros rayos de Sol y cayó de rodillas ante ellas con lágrimas en los ojos. De pronto, sintió una sensación rara, como si el lago le estuviese llamando. Observó que no podía moverse de allí y que sentía como si necesitase el agua de aquel manantial para vivir. Sintió un profundo deseo de tocar su reflejo, una sensación que no parecía tener fin; una sensación que le hizo pensar que sentía amor por primera vez. Pero amor por ese joven que se movía dentro del agua. Aquel joven le sonaba mucho, e incluso hacía muchos gestos como él. Desesperado por tocar a aquel muchacho que se parecía tanto a él, cayó al agua, ahogándose en el acto debido a la profundidad del lago. El silencio después de las salpicaduras del agua marcó la salida del Sol.

Hadas y faunos cuentan que varios días después del suceso brotó una flor a la que llamaron narciso. Esa flor adornó el lugar donde Ameinias y Narciso pasaron sus últimos momentos juntos, antes de que la vida de ambos cambiara para siempre. La diosa Némesis cumplió su misión: Narciso había saboreado el dolor del amor no correspondido. Pero no de una forma normal y corriente, sino de una forma en la que Narciso nunca conseguiría obtener aquel amor del que se había perdidamente enamorado, ya que como los faunos y las hadas pudieron comprobar, su único amor verdadero fue su propio reflejo en el agua. 

martes, 20 de noviembre de 2012

La noche del gato

Hoy os traigo un pequeño cuento que escribí el otro día a las cinco de la mañana. La verdad es que el reto de escribir un cuento de psicología cotidiana después de venir de fiesta no es una de mis aficiones favoritas, pero bueno, se presentó la oportunidad y no la desaproveché. 'La noche del gato' habla de un hombre, Vetmi, que lo ha perdido todo en la vida y sale a la calle a llorar sus penas, cuando de pronto se encuentra con un gato de ojos brillantes que habla. Aunque el gato...esconde un secreto que le traerá terribles consecuencias a nuestro protagonista.

LA NOCHE DEL GATO
Escrito por Miguel Lucena


Eran más de las doce de la noche cuando Vetmi absorbió el humo de su último cigarrillo y se dispuso a bajar la calle de la ciudad. Todas las ventanas estaban cerradas. Se podía decir que ningún alma se atrevería a pisar aquellos charcos que brillaban a la luz de la nublada Luna. Mientras bajaba la increíble cuesta que adornaba la calle principal, tiró el cigarrillo hacia una farola cercana y se paró en seco a pensar en unas cuantas cosas que rondaban en su cabeza.
<< ¿Por qué la mala suerte me acompaña estos últimos días? Me doy asco. Ahora sí que me arrepiento de no haber vivido mi vida; he desperdiciado mi única oportunidad de ser feliz. >> 
- ¿De verdad crees eso?- preguntó una voz a sus espaldas.
Vetmi miró hacia ambos lados pero no vio nada. Se preguntó quien habría sido capaz de leerle la mente. Quizás serían imaginaciones provocadas por los sorbos de la botella de ron que llevaba en la mano. Miró detrás de la farola, pero no vio absolutamente a nada ni a nadie.
- ¡Quién anda ahí! ¡Sal de donde estés!
No hubo respuesta. Creyendo que todo había sido una ilusión provocada por el alcohol, siguió caminando. Esta vez, estaba llorando. Sus lágrimas bañaban su rostro como si fueran gotas de rocío que señalaban el amanecer. Pero claro, pensó que todavía quedaban muchas horas para el amanecer.
- No huyas, humano. Sé por qué estás aquí.
Vetmi volvió a mirar a ambos lados de la calle, pero no había nadie. ¿De dónde procedería la misteriosa voz que parecía querer dialogar con él? De pronto, Vetmi no creyó lo que estaba viendo. Un gato, acompañado de otros de su especie, se acercaba sigilosamente al pobre desgraciado. Vetmi se situó debajo de otra farola para verlos mejor. Se hizo el silencio. Los ojos del gato que iba en cabeza brillaban en la oscuridad de la noche. Mostraban elegancia y firmeza a la vez, una mezcla entre misterio e ironía. ¿Cómo podía Vetmi captar todas esas sensaciones si el gato era sólo un animal? Cada vez estaba más convencido de que no debería de haber bebido tanto.
- Así que vagas por las calles tentando al destino, humano aventurero…
Vetmi no era consciente de lo que estaba presenciando: el gato hablaba. ¡Hasta le pareció que sonreía! Los demás gatos se apartaron del que estaba en cabeza, que se acercó aún más a Vetmi. Éste dio un paso atrás.
- ¿Qué eres?- preguntó Vetmi asustado, soltando la botella de ron y sacando la navaja que llevaba encima.
- Soy un gato, normal y corriente, ¿no me ves?
- ¿Y cómo puedes hablar? ¡Eres un animal! ¡Los gatos no hablan!
- Yo soy un gato especial.- dijo el animal mientras sus compañeros se desvanecían en la oscuridad, maullando lentamente.
Vetmi estaba realmente asombrado. Por una parte, estaba allí, al pie de una farola, hablando con un gato sin haberlo visto nunca antes. Por otra, miles de emociones y sentimientos trágicos de su vida se arremolinaban en su cabeza.
- La muerte no es la mejor solución, amigo.
- ¿Quién dice que me voy a suicidar? ¡Tú no sabes nada, gato!
- Oh, sí lo sé. Esa navaja no la vas a usar conmigo, sino contigo.
- Pero qué dic…
- Piensa un segundo, humano. Lo has perdido todo, ¿cierto? Has perdido tu casa, el banco te la ha embargado como si de un juguete se tratara. Tu dinero ha desaparecido, simplemente por el hecho de que te lo has gastado todo en alcohol, y bueno, en esa navaja vieja que tienes entre los dedos. Por último, el amor de tu vida ya no te ama, sino que te ha sido infiel con otro hombre. ¿No son esas suficientes razones para suicidarse?
- ¿Cómo sabes todo eso? ¿Quién eres? ¿De qué me conoces?
- La cuestión no es ‘por qué se todo eso’, sino ‘por qué no tratas de olvidarlo’. ¿Sabes? La vida es demasiado corta para arrepentirse, y no creo que en la vida eterna te dejen hacer lo que hiciste en esta.
- ¿A qué te refieres?
- Me refiero a muchas cosas. Tu vida es esta y tú tomas el control de ella. Nadie tiene que vivirla por ti. Eres tú el que toma decisiones, el que se lleva los malos tragos, el que aprende a ser valiente. ¿Y vas a tirar por la borda todo el esfuerzo que hiciste con una simple navaja de mercadillo?
- ¿Y a ti que te importa mi vida? ¿Por qué me dices esto?
- Te recuerdo que tengo siete vidas, y estoy viviendo mi segunda oportunidad, humano. Ya sé cómo va el juego.
- Vivir… ¿de qué sirve vivir cuando no tienes lo que quieres?
Vetmi miró al gato unos segundos. Le dio de nuevo la sensación de que el animal sonreía irónicamente. Sus ojos cada vez brillaban más. Vio que caminaba hasta posarse sobre un escalón de la acerca. Acto seguido, se lamió la pata, como si estuviese disfrutando de la sensación.
- Mejor dicho, ¿de qué sirve vivir cuando no sabes hacerlo? Vivir no se trata sólo de tener corazón y latidos para alimentarlo. Vivir significa disfrutar de todos los momentos buenos y malos que tiene la vida. Los buenos permanecen como recuerdos inolvidables. Los malos pasan a formar parte de la experiencia. Tienes que vivir al máximo, nunca se sabe cuando puedes morir.
- Quizá la muerte sea la única que me comprenda ahora mismo…
- La muerte no comprende a nadie. Sólo se limita a hacer su trabajo: marcar el fin de la vida. La muerte es tu mejor amiga, pero no tienes que darle el gusto de caer en sus brazos tan fácilmente. Pónselo difícil, juega con ella y diviértete tomándole el pelo.
Vetmi se sentó bajo la farola, en el escalón, a escasos metros del gato, que seguía relamiéndose como si estuviera alegre por algo.
- Sal ahí afuera y demuéstrale a todos que te mereces una oportunidad.
- No quiero falsas oportunidades. Sólo quiero ser feliz. Pero parece que todo el mundo me ha dado la espalda. No puedo hacer lo que quiero. Siempre hay factores externos que me lo impiden.
- Oh, cielos. ¿Vas a impedir que la locomotora de tu autoestima se pare bruscamente? ¡Ve de fiesta, haz locuras y diviértete!
- Si eso fuera tan fácil…
- No eres tan mayor.- se atrevió a decir el gato mirando al pobre hombre con ojos convincentes.- Todavía te queda mucha vida por disfrutar. Tu cuerpo es bello y sano. Disfruta de las miles de personas que te están esperando fuera de esta farola. ¿Por qué reprimirte cuando te puedes entregar perfectamente al placer de la carne? Los seres humanos tenéis necesidades, y una de ellas es la lujuria. Os hace sentir bien.
- No me puedo creer que un gato me esté hablando de esto…- dijo Vetmi asombrado, al borde de la locura.
- Piénsatelo bien, amigo. ¿Por qué huir del regalo de la vida si puedes pasarte noche tras noche siendo un lobo hambriento?
El gato sonrió. Hizo un gesto para que Vetmi le siguiera. Éste, aún sin creerse que estaba conversando con un gato en mitad de la noche, le siguió con miedo. El animal le condujo a un lugar que parecía un pequeño descampado lleno de basura. Allí había unos cuantos cubos de basura y una tremenda y escalofriante oscuridad. De las tinieblas empezaron a surgir siluetas que parecían fantasmas, aunque sólo eran gatos maullando. Se acercaron a Vetmi y lo envolvieron como si fueran espectros transparentes. Vetmi intentó apartarse a los animales de encima pero estaba paralizado. ¿Qué le estaba pasando? Sentía que un sudor frío le azotaba la frente. Estaba agobiado. Sentía una sensación horrible, entre el miedo y la desesperación. Mientras, el gato parlanchín y de ojos brillantes le miraba con una sonrisa. Vetmi dejó caer la navaja y notó como los espectros que lo envolvían iban desapareciendo poco a poco.
- ¿Qué me has hecho?
- La pregunta no es esa, humano. La pregunta es: ¿Qué has hecho tú?
- ¡Esos fantasmas me han hecho perder la razón!
- No estás loco, amigo mío.- continuó el gato relamiéndose de nuevo la pata. Sus ojos se clavaron en los de Vetmi, acompañados de una sonrisa pícara y blanca.- Sólo estabas disfrutando tus últimos momentos de vida terrenal, si quieres llamarlo así…
- ¿Quieres decir que…?
- Exacto, humano. Te di la oportunidad de escapar cuando te hice la señal para que me siguieras hasta aquí. Pero no fuiste un chico listo. Desaprovechaste la última oportunidad que te dio la vida bajo la farola.
Vetmi dio un paso atrás y miró al gato con rabia. Intentó escapar pero más de veinte gatos le cortaban el paso con gestos de enfado. El gato que hablaba caminó despacio y lo miró con una sonrisa.
- ¿Alguna vez has visto a un gato sonreír, humano? Porque esta es la última vez que lo vas a ver.
- ¿Qué eres en realidad? ¡Tú no eres un gato normal y corriente!
- Tenías que haberme acusado de esa manera la primera vez. Te hablé sobre los placeres de la vida, del regalo de nacer y morir viejo. De que la muerte todavía no está lista para recibirte. Y aún así, decidiste seguirme después de la charla asumiendo todas las consecuencias. Efectivamente, no soy un gato normal y corriente. Soy algo más poderoso y oscuro que eso.
El animal caminó algunos pasos hacia una pared que protegía el descampado y su sombra se proyectó bajo unos focos encendidos que pertenecían a una fábrica cercana. Vetmi pudo comprobar que no era una sombra normal de gato. Era como si su estatura hubiera cambiado; ahora era más alto. De su cabeza no salían dos orejas, sino dos cuernos de cabra bastantes grandes. La cola se volvió más larga y las patas de gato se convirtieron en pezuñas. El gato con el que había estado hablando desde el principio no era un animal. Era el mismísimo demonio.
- Dios mío… ¡SOCORRO!
- ¡Tuviste la oportunidad de ver mi sombra bajo esa farola, ya que su luz la proyectaba en la pared! ¡Pero estabas demasiado ocupado pensando en si mi voz era real o no! Perdiste tu tiempo, ¡como lo has hecho durante toda tu vida! Tu mala suerte sólo es culpa tuya, y no del dinero, ni de tu casa ni de tu esposa. ¡Fuiste tú el que desaprovechaste todas las oportunidades que te ofreció la vida! ¡Aún estando al filo de la muerte, pudiste escapar de mis garras! ¡Pero decidiste seguir a un gato que habla en vez de ser feliz y escapar! Un pobre desgraciado, ¡eso es lo que eres!
Vetmi se quedó petrificado. Los gatos que le cortaban el paso se iban acercando cada vez más a él. Satanás mantenía sus pezuñas en alto, dispuesto a atacar. Vetmi se agachó y cogió la navaja que antes se le había caído cuando estaba aprisionado por los espectros. Miró al demonio por última vez con lágrimas en los ojos y puso la navaja frente a su pecho.
- Todavía me queda una salida.
- ¿Una salida? ¡No me hagas reír! ¿Es lo único que se te ocurre decirme segundos antes de ser despedazado por el demonio y más de veinte gatos?
- Cuando ya no hay puertas para abrir y encontrar caminos, la única cosa que te queda por hacer es salir de la puerta en la que estás.
Vetmi miró al cielo y se penetró la navaja en el corazón. Cayó al suelo con el pecho ensangrentado. El demonio lo observó con una sonrisa pícara. Los demás gatos se desvanecieron. Satanás se acercó al cadáver de Vetmi y lo observó minuciosamente.
<>. Y desapareció.

miércoles, 24 de octubre de 2012

La mujer araña de Montilla


Y es que lo que no se vea ya por la calle...o debo de decir...¿en los tejados? Y es que en la mañana del 24 de octubre de 2012, concretamente sobre las 9 de la mañana, un individuo de género femenino se ha apoderado del tejado de su comunidad para dejarlo limpio. Seguramente a la pobre mujer le daba cosa dejar la suciedad que había dejado la lluvia en los caños del tejado. Es fantástico que se preocupe por el medio ambiente y por la salud de sus vecinos...¡pero que no barra la caca y la tire a la calle! Imaginaos que pasa una ancianita de pronto por la acera y le llega a ella toda la mercancía. Pagaría por ver la cara de nuestra heroína de los tejados al ver su maléfico acto. Este personaje, que además iba descalza con el riesgo de electrocutarse con los cables mojados del tejado, salió a hacer lo que fuera que estuviese haciendo hasta tres veces. Se ve que la mujer no se vio contenta con el resultado en la primera vez y le gustó tanto apoderarse del tejado que decidió repetir. Generalizando, estuvo desde las 9 de la mañana hasta las 10, entre salida y entrada al tejado.

Lo más gracioso de todo es que cuando veía que la gente la miraba, hacía un gesto de silencio con el dedo para que se callaran. Lo que ella no sabía es que a escasos metros, en mi instituto, todos los alumnos estaban más pendientes de reírse de sus locuras que de atender a latín. Pero, ¿y a quién se le ocurre ponerse a barrer el tejado corriendo el riesgo de convertirte en papilla de Spiderman? A veces, pocas la verdad, se ponía de rodillas o sentada y parecía que se iba a caer. Supongo que quería limpiar los caños más profundamente. Por suerte o por desgracia, la policía no apareció, ni la televisión municipal. Aunque sí lo hicieron los profesores de mi instituto, que por lo que vi, intentaron advertirle del peligro que corría. 

Tras la voz de alarma que se dio en el centro, todos los alumnos corrieron a ver lo que hacía esta mujer en el cambio de clase, ya que durante la asignatura anterior estaban todos mirando por la ventana. Por los pasillos no se comentaba otra cosa y la verdad, poca gente había en él, porque todos estaban viendo a nuestra mujer araña, que con valentía y preocupación por su delicado tejado, se había lanzado a conquistar el corazón de su más fiel compañera escoba.

A continuación, dejo algunas fotos más sobre Lady Spiderman:



Informa, un servidor: testigo del arrebato de esta mujer.

sábado, 20 de octubre de 2012

Las parejas homosexuales más famosas de la mitología griega

File:Jacques-Louis David Patrocle.jpg

Seguramente alguna vez habrás oído que en la Antigua Grecia la homosexualidad no era nada raro y que por supuesto, era común entre la gente. Los personajes de la época no consideraban el amor por el individuo del mismo sexo un acto impuro, ya que hasta los propios dioses lo practicaban. Era bastante usual la relación amorosa entre un hombre y un joven, lo que hoy podemos conocer como pederastia, ya que el ideal de belleza masculino perseguía los corazones de los más valientes guerreros. También las relaciones entre mujeres fueron comunes en la Antigua Grecia, como el claro ejemplo de Safo de Lesbos, poetisa clásica.

Los historiadores y escritores griegos han plasmado gran cantidad de mitos donde la homosexualidad masculina es el tema principal, teniendo a protagonistas a grandes héroes griegos con sus respectivos amantes. Los más famosos, a continuación.

Ganimedes, el pasional amor de Zeus
Parece ser que el dios de todos los dioses se cansó de tener relaciones con mujeres y, debido a su fogosa pasión, decidió probar con hombres. Siendo esta su idea bastante clara, se convirtió en águila y raptó al joven Ganimedes mientras pastaba, siendo éste el adolescente más bello que había sobre la faz de la Tierra. Desde entonces, Zeus tuvo relaciones sexuales con él y éste se convirtió, además de su amante, en inmortal y copero de los dioses. Se le recuerda mediante la constelación de Acuario. Hoy en día, Ganimedes es uno de los satélites del planeta Júpiter.


Jacinto y las lágrimas de Apolo
Cuenta la leyenda que Apolo y el joven Jacinto eran amantes, y un día, jugando a lanzarse el disco, Apolo quiso impresionar al chico lanzando el disco más fuerte. Jacinto, a su vez, también quiso impresionar al dios e intentó cogerlo a pesar de la velocidad del disco. Sin embargo, Céfiro, celoso de Apolo y perdidamente enamorado de su amante, hizo desviar el disco de forma que fue a parar a la cabeza de Jacinto, que lo golpeó y cayó muerto. Apolo, destrozado por la muerte del amor de su vida, no permitió que Hades se llevase al muchacho y, hundido de tristeza, convirtió al chico en una flor, el jacinto. Las lágrimas del dios se vertieron sobre los pétalos de la hermosa flor, convirtiéndola en un símbolo de luto. Como castigo, Apolo convirtió a Céfiro en viento para que no hiriera a nadie más y en venganza por la muerte del que fue su amante.


Yolao, el más fiel amante del héroe Hércules
Algunas versiones cuentan que Yolao y Hércules eran tío y sobrino, pero la más extendida es que eran amantes. Según la leyenda, en uno de los doce trabajos de Hércules en el que éste debía matar a la Hidra de Lerna, Yolao ayudó al héroe a quemar las cabezas de la Hidra mientras éste las cortaba. 


El amor eterno de Aquiles y Patroclo.
Muchos mitos cuentan que Patroclo era un joven valiente, héroe de la Guerra de Troya, narrada en la Ilíada. Admiraba profundamente a Aquiles, con el cual tenía una profunda relación de amistad, aunque algunos historiadores afirman que podrían haber tenido algo más. Cuando Aquiles regresó a su tienda en la Guerra de Troya, enfadado por discutir con Agamenón, se negó a seguir luchando en la guerra contra los troyanos. Patroclo cogió sus armaduras y se lanzó a la lucha. Héctor, el príncipe troyano, le dio muerte sin saber que era el amante de Aquiles, pues pensaba que era éste. Muerto de dolor, Aquiles asesinó a Héctor en venganza por la muerte de Patroclo.

lunes, 15 de octubre de 2012

Algunas poesías compuestas por un servidor.

Entre tú y yo

Entre tú y yo, no hubo palabras,
sólo el mal sabor que deja la distancia,
sólo imágenes que hicieron que nuestros
cuerpos no llegaran a tocarse.

Entre tú y yo, no hubo ni un día
en el que pudiera sentir el frío,
el tacto de tus manos al tocarme,
quizás el amargo olvido fue más rápido.

Entre tú y yo, no hubo baladas,
ni canciones que gritaran por la ventana,
ni paseos por la arena húmeda
ni besos que nos dieran calor.

Entre tú y yo, no hubo tiempo
ni tampoco espacio que lo justificara,
ni lágrimas en los ojos,
ni una muestra de nuestros labios.

Entre tú y yo, no hubo primavera,
sólo un invierno eterno,
una ventisca que nunca parecía
desaparecer ni tener fin.


La soledad del amanecer

Ventana abierta,
noche en calma,
falta poco para el alba.


Triste y oscuro, el homenaje,
que las tinieblas le rinden
al sombrío paisaje.


Y en mi habitación,
hay una silueta,
una mentira, una treta,
bañada en ensueño,
sin virtud y sin meta.


Quién

Quien busque el baile de las olas
o el tintineo del mar.
Aquel que lo sienta dentro,
me entenderá.

Quien busque cumplir sus promesas
o sus sueños realizar.
Aquel cuyo corazón sea libre,
me entenderá.

Quien busque la armonía de las letras
o la poesía de verdad.
Aquel que conozca las artes,
me entenderá.

Quien busque valorar el tiempo,
la rebeldía o la libertad.
Aquel que sea diferente,
me entenderá.

viernes, 12 de octubre de 2012

Feliz Día de la Mierdanidad


Me hace mucha gracia cuando hoy, 12 de octubre (Día de la Hispanidad), ponen tweets como ''¡Viva España!'', o ''Feliz Día a todos los españoles''. ¿Se puede saber de que estamos orgullosos? ¿De un gobierno que no se preocupa por su pueblo y que lleva meses sin hacer nada respecto al paro y al malestar social? No me extraña que todo el país se haya vuelto un caldero de huelgas, es que dan motivos para manifestarse. Parece ser que los recortes de Rajoy cada vez se notan más, como dice la foto de arriba. Y es que la simple de idea de verme en la calle en un par de años no me hace ninguna gracia. Quizás debería de empezar a dormir en cartones para practicar, o mejorar mis artes del robar por si me hace falta. Me parto de risa cada vez que me dicen que van a subir las tasas de la universidad o que van a reducir las becas. Me da una risa que no puedo con ella. Pero claro está, me río por aguantar mi rabia y no ir en busca del Sr. Barbitas y darle una ostia que lo deje seco.

¿Qué se cree? ¿Que nos estamos tragando el cuento de que están trabajando para mejorar la situación de España? Al parecer, lo único que están haciendo es predicar falsas esperanzas con la finalidad de calmar a la población, pero ya no le dan resultado esas trolas. Los políticos sólo se dedican a eso: a la demagogia. Lo único que hace Rajoy es tocarse los cojones y ganar un sueldo con el que vive de lujo, mientras la mitad de la población está sin trabajo y muerta de hambre, sin ningún techo y sin ninguna protección. Y lo mismo que hace Rajoy también lo hacen los pajarracos lameculos de su partido, que desde que el presidente anunció los recortes y ellos aplaudieron, ya me dejaron claro la clase de chusma que son. Serán incontables las innumerables mentiras que nos habrán dicho ya para que cerremos la boca y dejemos de dar la lata. La mejor de todas, sin duda, que se iba a reducir el IVA y ahora nos encontramos con que en vez de bajar, ¡ha subido!

Teniendo en cuenta que la política de España es un verdadero asco y que sus políticos son todos unos corruptos, volvamos a la idea central: la crisis. Lo de dormir en cartones lo decía en serio, ya que al parecer, ni voy a poder estudiar ni trabajar en un futuro. ¿Cómo pretenden entonces que España alcance un gran nivel educativo? ¡Si no nos dejan! Bueno sí, los ricos. Ellos si se pueden permitir el lujo de estudiar. ¿No os suena todo esto? Antiguamente, la gente rica se aseguraba una carrera con su dinero y los pobres tenían que aguantarse con el trabajo en el campo y en el hogar. ¡Sí, has acertado! Estamos volviendo atrás, es como una máquina del tiempo que ha empezado a funcionar. Como dijo una profesora mía días atrás, a los jóvenes nos espera un futuro muy oscuro. Y eso es injusto, porque la gente adulta se ha esforzado mucho para forjarnos un rayo de esperanza. ¿Y para qué ha servido todo ese trabajo? ¿Para dormir en la calle, estar sin una carrera, sin trabajo y sin dignidad? ¡Pues feliz días de la Mierdanidad!

viernes, 28 de septiembre de 2012

Los siete pecados capitales... ¡al descubierto!


Bueno, bueno, bueno. Tenía ganas de dedicarles una entrada a los magníficos pecados capitales, a los que yo siempre les estoy haciendo homenajes, porque me parece un tipo de simbología y alegoría estupenda. Seguro que has oído hablar a los sacerdotes o incluso a tu abuela que quién comete un pecado de estos va derechito al infierno. Pues bien, se supone que estos son los pecados más ''pecadísimos'' del mundo mundial; son siete: la vanidad, la gula, la avaricia, la pereza, la envidia, la ira y la lujuria. ¿A qué no sabes que leyendas esconden?

Retrocedamos en el tiempo...
Según Santo Tomás de Aquino, estos vicios son los culpables de que se cometan los demás pecados, pues todos estos derivan de ellos. A los primeros cristianos se les enseñaba a no pecar con estos infortunios; pero claro, todos somos humanos; todos somos pecadores, y todos iremos al infierno por malos. La lista de los siete pecados capitales se han ido modificado a lo largo de los siglos y finalmente, han quedado reducido al número que conocemos hoy en día.

La vanidad
              ''Ningún vanidoso siente celos.'' (Jacinto Benavente)
No es un pecado que yo suela utilizar mucho, pero parece que algunas personas se lo toman al pie de la letra. Siempre en la sociedad se ha mal visto el ir creyéndose superior a los demás. Tópicos como 'que creído se lo tiene' o 'no tiene abuela' han inundado nuestros pensamientos pecadores durante las diferentes etapas de nuestra vida. El 'vanidoso' siempre ha sido criticado y maldecido, objeto de burlas y desilusiones. Pero la verdad es que todos tenemos una pizca de orgullo en nuestro interior, que nos hace actuar mal y llevarnos el chasco de nuestra vida, como perder una amistad.

La gula
          ''Dios nos envía los alimentos y el demonio, los cocineros.'' (Thomas Deloney)
Nuestra querida gula, el pecado capital más dulce de todos. Cierto es que comer demasiado provoca dolor de barriga, lo que se le suele conocer como empacho o sentirse lleno. Es que claro, el estómago tiene un límite...¡aunque algunos no lo respetan, ya que son capaces de comerse hasta un tranvía! Comer no es malo, al contrario, si no comemos, nos morimos, y si nos morimos vamos al infierno por pecadores. Lo que de verdad hay que tener en cuenta es la cantidad que nos zampamos, ya que podemos terminar en el hospital o en el gimnasio (y esto último es un coñazo lujo, doy fe...)

La avaricia 
            ''Al pobre le faltan muchas cosas. Al avaro, todas.'' (Publio Siro)
¡DINERO! ¡JOYAS! ¡UN DESCAPOTABLE! ¡UNA TELEVISIÓN DE PLASMA! ¡UN CABALLO! Bueno, no está mal...pero el problema es...¿tendrás dinero para todo eso? Es cierto que la avaricia es un ''pecado'' que siempre tiene ganas de MÁS Y MÁS Y MÁS Y MÁS...y es posiblemente el vicio que más nos perjudique a la hora de controlar nuestra vida. Como dice el dicho ''la avaricia rompe el saco'', así que es mejor ser humilde y desear pocas cosas para vivir mejor.

La pereza
           ''El que todo aplaza, no dejará nada concluido ni perfecto.'' (D. de Abdera)
Mi pecado favorito. Sí, lo admito, soy un poquitín perezoso. Pero oye, tampoco es tan malo. A veces las cosas salen mejor si lo dejas para último momento. Vale, salen peor. Lo cierto es que se puede ser perezoso de muchas maneras. Yo, por ejemplo, prefiero ser perezoso cuando llego a mi casa y tengo muchas cosas que hacer. Seguramente la mejor opción es ponerse a hacerlas cuanto antes. Aunque mi cerebro, que es mucho más listo, elige la opción definitiva: tumbarse en la cama y dormir hasta que La Luna baje a La Tierra. Las personas responsables y trabajadores, e incluso las nerviosas e hiperactivas, odian la pereza, ya que la consideran una aberración a la humanidad y un insulto zzz...al tiempo...zzz.

La envidia
          ''El silencio del envidioso está lleno de ruidos.'' (Khalil Gibran)
¿Te has comprado el nuevo disco de Justin Bieber y yo no? ¡Pues ojalá te lo tragues! ¿Te has hecho la depilación láser y yo no? Ojalá salga tu cuerpo ardiendo y te pille un camión cisterna. En fin...múltiples ejemplos de envidia que rondan por nuestro mundo se hacen notar cada vez más y más. La envidia es el pecado capital más peligroso y el que más daño hace. Es como morir mientras se está viviendo. Es como si tuviéramos un álter ego que no somos nosotros pero que quisiéramos ser. Mucha gente, sobre todo adolescentes, usa este vicio constantemente, pues hasta la madurez hay un largo camino...

La ira
       ''La ira es una locura de corta duración.'' (Q.Horacio Flaco)
La ira, ese pecado que nos hace enloquecer como perros rabiosos. Enfadarse a veces sirve de mucho (como tu madre cuando se pone de los nervios) y a veces de poco (cuando cortas con la novia/o). Pero claro, ¿qué sería el mundo de los pecadores sin un arrebato de furia? ¡Pues nada! El ser humano necesita desahogarse, gritar a los cuatro vientos que está hasta los cojones de todo. Si hace falta enfadarse con alguien porque ha hecho algo mal, pues se enfada uno. Y que yo sepa, eso no es pecado, sino justicia. Aunque he de admitir que la ira por tonterías no lleva a ninguna parte. Bueno sí, a la soledad.

La lujuria
      ''El sexo no es una historia para contarla, hay que vivirla.'' (Popular)
El terror de la Iglesia: EL SEXO Y LA PASIÓN. ¡Pues gracias a él están en este mundo, porque gracias al coito de sus padres viven! La lujuria, los placeres, el sexo y la pasión tiene que dejar de ser un tema tabú. Los padres deben informar a sus hijos y éstos a los suyos. También en la escuela se tiene que hablar de sexo con una perfecta naturalidad, porque no tiene nada de malo. ¿Por qué nos asusta lo que nos dio la vida? Es de lo más puro, natural. Pero parece que los curitas lo tienen prohibido, y que yo sepa no ha venido Dios aquí a decirles que follen o no. ¡Es una necesidad del ser humano!

sábado, 11 de agosto de 2012

¿Y a ti? ¿Te gustan los cuernos?

 

ESPAÑA. Como dice JK Rowling en su libro de 'El Cáliz de Fuego', tierra de toros, sangre y verbena. La verdad es que cualquier extranjero que oiga la palabra 'España' se le viene a la cabeza una palabra: toro. Y es precisamente por eso por lo que la gente conoce a los españoles: por sus corridas. Muchos extranjeros viajan a España para ver los toros, ya que en sus países no hay o escasean. Las corridas de toros se han forjado a lo largo de los años como una tradición española y catalogada como una aberración fiesta nacional. Pero claro está, la realidad es otra. 

La gente que paga para ver torear sólo piensan en la fama de los toreros, en lo bien que lo hacen y en si matan correctamente al toro o no. Mucha gente está en desacuerdo con esta 'fiesta nacional' ya que considera que torear es sinónimo de maltratar a un toro y después matarlo de la forma más humillante. Pues bien, tienen toda la razón. Y los que no querráis creerlo o asimilarlo, pues seguid viviendo en vuestro mundo de sueños en el que el toro y el torero son amigos. Estoy seguro que si dijeramos en voz alta a toda la gente ''Si no os gustan los toros, no vayáis'', el primero que no iría sería el toro si pudiera hablar. Estoy seguro que a los toreros no les gustaría estar en una plaza llena de gente que paga por verlos morir de una forma humillante y lúdica. Nadie tiene en cuenta los sentimientos del toro (claro, como es un animal no tiene sentimientos, porque como no habla no tiene sentimientos). Nadie tiene en cuenta el dolor que tiene que sufrir el animal al ser su cuerpo atravesado por espadas. Y lo más gracioso de todo, después de humillarlo maltratándolo hasta agonizar, lo matan al instante y le cortan las orejas y el rabo para demostrarle a la gente que el torero ha recibido un premio por ser un asesino. 

Pero la gente como es tan ignorante, prefiere escabullirse de sus argumentos y no decir nada en defensa del animal, porque nos importa más nuestra raza (que causa guerra y hambre) que la del toro (que pasta tranquilo en el ganado hasta que lo sacan para matarlo). Es irónico que a un asesino humano se le perdone la muerte por asesinar a 100 personas en España y que a un toro se le mate de la forma más cruel por ser inocente. 

La cuestión es que se podrían hacer las cosas de otra forma. Se puede torear con capa pero sin espadas, de forma que no se mate al toro. Pero claro, eso sería demasiado bonito para una diversión humana que no se sacia. Es mejor hacernos los valientes y demostrar al mundo entero de que tenemos las tradiciones más crueles de toda la historia con animales. Es mejor humillar al toro, matarlo y pagar para verlo. Claro...es mejor...es mejor ser un asesino que ir al paro.