martes, 20 de noviembre de 2012

La noche del gato

Hoy os traigo un pequeño cuento que escribí el otro día a las cinco de la mañana. La verdad es que el reto de escribir un cuento de psicología cotidiana después de venir de fiesta no es una de mis aficiones favoritas, pero bueno, se presentó la oportunidad y no la desaproveché. 'La noche del gato' habla de un hombre, Vetmi, que lo ha perdido todo en la vida y sale a la calle a llorar sus penas, cuando de pronto se encuentra con un gato de ojos brillantes que habla. Aunque el gato...esconde un secreto que le traerá terribles consecuencias a nuestro protagonista.

LA NOCHE DEL GATO
Escrito por Miguel Lucena


Eran más de las doce de la noche cuando Vetmi absorbió el humo de su último cigarrillo y se dispuso a bajar la calle de la ciudad. Todas las ventanas estaban cerradas. Se podía decir que ningún alma se atrevería a pisar aquellos charcos que brillaban a la luz de la nublada Luna. Mientras bajaba la increíble cuesta que adornaba la calle principal, tiró el cigarrillo hacia una farola cercana y se paró en seco a pensar en unas cuantas cosas que rondaban en su cabeza.
<< ¿Por qué la mala suerte me acompaña estos últimos días? Me doy asco. Ahora sí que me arrepiento de no haber vivido mi vida; he desperdiciado mi única oportunidad de ser feliz. >> 
- ¿De verdad crees eso?- preguntó una voz a sus espaldas.
Vetmi miró hacia ambos lados pero no vio nada. Se preguntó quien habría sido capaz de leerle la mente. Quizás serían imaginaciones provocadas por los sorbos de la botella de ron que llevaba en la mano. Miró detrás de la farola, pero no vio absolutamente a nada ni a nadie.
- ¡Quién anda ahí! ¡Sal de donde estés!
No hubo respuesta. Creyendo que todo había sido una ilusión provocada por el alcohol, siguió caminando. Esta vez, estaba llorando. Sus lágrimas bañaban su rostro como si fueran gotas de rocío que señalaban el amanecer. Pero claro, pensó que todavía quedaban muchas horas para el amanecer.
- No huyas, humano. Sé por qué estás aquí.
Vetmi volvió a mirar a ambos lados de la calle, pero no había nadie. ¿De dónde procedería la misteriosa voz que parecía querer dialogar con él? De pronto, Vetmi no creyó lo que estaba viendo. Un gato, acompañado de otros de su especie, se acercaba sigilosamente al pobre desgraciado. Vetmi se situó debajo de otra farola para verlos mejor. Se hizo el silencio. Los ojos del gato que iba en cabeza brillaban en la oscuridad de la noche. Mostraban elegancia y firmeza a la vez, una mezcla entre misterio e ironía. ¿Cómo podía Vetmi captar todas esas sensaciones si el gato era sólo un animal? Cada vez estaba más convencido de que no debería de haber bebido tanto.
- Así que vagas por las calles tentando al destino, humano aventurero…
Vetmi no era consciente de lo que estaba presenciando: el gato hablaba. ¡Hasta le pareció que sonreía! Los demás gatos se apartaron del que estaba en cabeza, que se acercó aún más a Vetmi. Éste dio un paso atrás.
- ¿Qué eres?- preguntó Vetmi asustado, soltando la botella de ron y sacando la navaja que llevaba encima.
- Soy un gato, normal y corriente, ¿no me ves?
- ¿Y cómo puedes hablar? ¡Eres un animal! ¡Los gatos no hablan!
- Yo soy un gato especial.- dijo el animal mientras sus compañeros se desvanecían en la oscuridad, maullando lentamente.
Vetmi estaba realmente asombrado. Por una parte, estaba allí, al pie de una farola, hablando con un gato sin haberlo visto nunca antes. Por otra, miles de emociones y sentimientos trágicos de su vida se arremolinaban en su cabeza.
- La muerte no es la mejor solución, amigo.
- ¿Quién dice que me voy a suicidar? ¡Tú no sabes nada, gato!
- Oh, sí lo sé. Esa navaja no la vas a usar conmigo, sino contigo.
- Pero qué dic…
- Piensa un segundo, humano. Lo has perdido todo, ¿cierto? Has perdido tu casa, el banco te la ha embargado como si de un juguete se tratara. Tu dinero ha desaparecido, simplemente por el hecho de que te lo has gastado todo en alcohol, y bueno, en esa navaja vieja que tienes entre los dedos. Por último, el amor de tu vida ya no te ama, sino que te ha sido infiel con otro hombre. ¿No son esas suficientes razones para suicidarse?
- ¿Cómo sabes todo eso? ¿Quién eres? ¿De qué me conoces?
- La cuestión no es ‘por qué se todo eso’, sino ‘por qué no tratas de olvidarlo’. ¿Sabes? La vida es demasiado corta para arrepentirse, y no creo que en la vida eterna te dejen hacer lo que hiciste en esta.
- ¿A qué te refieres?
- Me refiero a muchas cosas. Tu vida es esta y tú tomas el control de ella. Nadie tiene que vivirla por ti. Eres tú el que toma decisiones, el que se lleva los malos tragos, el que aprende a ser valiente. ¿Y vas a tirar por la borda todo el esfuerzo que hiciste con una simple navaja de mercadillo?
- ¿Y a ti que te importa mi vida? ¿Por qué me dices esto?
- Te recuerdo que tengo siete vidas, y estoy viviendo mi segunda oportunidad, humano. Ya sé cómo va el juego.
- Vivir… ¿de qué sirve vivir cuando no tienes lo que quieres?
Vetmi miró al gato unos segundos. Le dio de nuevo la sensación de que el animal sonreía irónicamente. Sus ojos cada vez brillaban más. Vio que caminaba hasta posarse sobre un escalón de la acerca. Acto seguido, se lamió la pata, como si estuviese disfrutando de la sensación.
- Mejor dicho, ¿de qué sirve vivir cuando no sabes hacerlo? Vivir no se trata sólo de tener corazón y latidos para alimentarlo. Vivir significa disfrutar de todos los momentos buenos y malos que tiene la vida. Los buenos permanecen como recuerdos inolvidables. Los malos pasan a formar parte de la experiencia. Tienes que vivir al máximo, nunca se sabe cuando puedes morir.
- Quizá la muerte sea la única que me comprenda ahora mismo…
- La muerte no comprende a nadie. Sólo se limita a hacer su trabajo: marcar el fin de la vida. La muerte es tu mejor amiga, pero no tienes que darle el gusto de caer en sus brazos tan fácilmente. Pónselo difícil, juega con ella y diviértete tomándole el pelo.
Vetmi se sentó bajo la farola, en el escalón, a escasos metros del gato, que seguía relamiéndose como si estuviera alegre por algo.
- Sal ahí afuera y demuéstrale a todos que te mereces una oportunidad.
- No quiero falsas oportunidades. Sólo quiero ser feliz. Pero parece que todo el mundo me ha dado la espalda. No puedo hacer lo que quiero. Siempre hay factores externos que me lo impiden.
- Oh, cielos. ¿Vas a impedir que la locomotora de tu autoestima se pare bruscamente? ¡Ve de fiesta, haz locuras y diviértete!
- Si eso fuera tan fácil…
- No eres tan mayor.- se atrevió a decir el gato mirando al pobre hombre con ojos convincentes.- Todavía te queda mucha vida por disfrutar. Tu cuerpo es bello y sano. Disfruta de las miles de personas que te están esperando fuera de esta farola. ¿Por qué reprimirte cuando te puedes entregar perfectamente al placer de la carne? Los seres humanos tenéis necesidades, y una de ellas es la lujuria. Os hace sentir bien.
- No me puedo creer que un gato me esté hablando de esto…- dijo Vetmi asombrado, al borde de la locura.
- Piénsatelo bien, amigo. ¿Por qué huir del regalo de la vida si puedes pasarte noche tras noche siendo un lobo hambriento?
El gato sonrió. Hizo un gesto para que Vetmi le siguiera. Éste, aún sin creerse que estaba conversando con un gato en mitad de la noche, le siguió con miedo. El animal le condujo a un lugar que parecía un pequeño descampado lleno de basura. Allí había unos cuantos cubos de basura y una tremenda y escalofriante oscuridad. De las tinieblas empezaron a surgir siluetas que parecían fantasmas, aunque sólo eran gatos maullando. Se acercaron a Vetmi y lo envolvieron como si fueran espectros transparentes. Vetmi intentó apartarse a los animales de encima pero estaba paralizado. ¿Qué le estaba pasando? Sentía que un sudor frío le azotaba la frente. Estaba agobiado. Sentía una sensación horrible, entre el miedo y la desesperación. Mientras, el gato parlanchín y de ojos brillantes le miraba con una sonrisa. Vetmi dejó caer la navaja y notó como los espectros que lo envolvían iban desapareciendo poco a poco.
- ¿Qué me has hecho?
- La pregunta no es esa, humano. La pregunta es: ¿Qué has hecho tú?
- ¡Esos fantasmas me han hecho perder la razón!
- No estás loco, amigo mío.- continuó el gato relamiéndose de nuevo la pata. Sus ojos se clavaron en los de Vetmi, acompañados de una sonrisa pícara y blanca.- Sólo estabas disfrutando tus últimos momentos de vida terrenal, si quieres llamarlo así…
- ¿Quieres decir que…?
- Exacto, humano. Te di la oportunidad de escapar cuando te hice la señal para que me siguieras hasta aquí. Pero no fuiste un chico listo. Desaprovechaste la última oportunidad que te dio la vida bajo la farola.
Vetmi dio un paso atrás y miró al gato con rabia. Intentó escapar pero más de veinte gatos le cortaban el paso con gestos de enfado. El gato que hablaba caminó despacio y lo miró con una sonrisa.
- ¿Alguna vez has visto a un gato sonreír, humano? Porque esta es la última vez que lo vas a ver.
- ¿Qué eres en realidad? ¡Tú no eres un gato normal y corriente!
- Tenías que haberme acusado de esa manera la primera vez. Te hablé sobre los placeres de la vida, del regalo de nacer y morir viejo. De que la muerte todavía no está lista para recibirte. Y aún así, decidiste seguirme después de la charla asumiendo todas las consecuencias. Efectivamente, no soy un gato normal y corriente. Soy algo más poderoso y oscuro que eso.
El animal caminó algunos pasos hacia una pared que protegía el descampado y su sombra se proyectó bajo unos focos encendidos que pertenecían a una fábrica cercana. Vetmi pudo comprobar que no era una sombra normal de gato. Era como si su estatura hubiera cambiado; ahora era más alto. De su cabeza no salían dos orejas, sino dos cuernos de cabra bastantes grandes. La cola se volvió más larga y las patas de gato se convirtieron en pezuñas. El gato con el que había estado hablando desde el principio no era un animal. Era el mismísimo demonio.
- Dios mío… ¡SOCORRO!
- ¡Tuviste la oportunidad de ver mi sombra bajo esa farola, ya que su luz la proyectaba en la pared! ¡Pero estabas demasiado ocupado pensando en si mi voz era real o no! Perdiste tu tiempo, ¡como lo has hecho durante toda tu vida! Tu mala suerte sólo es culpa tuya, y no del dinero, ni de tu casa ni de tu esposa. ¡Fuiste tú el que desaprovechaste todas las oportunidades que te ofreció la vida! ¡Aún estando al filo de la muerte, pudiste escapar de mis garras! ¡Pero decidiste seguir a un gato que habla en vez de ser feliz y escapar! Un pobre desgraciado, ¡eso es lo que eres!
Vetmi se quedó petrificado. Los gatos que le cortaban el paso se iban acercando cada vez más a él. Satanás mantenía sus pezuñas en alto, dispuesto a atacar. Vetmi se agachó y cogió la navaja que antes se le había caído cuando estaba aprisionado por los espectros. Miró al demonio por última vez con lágrimas en los ojos y puso la navaja frente a su pecho.
- Todavía me queda una salida.
- ¿Una salida? ¡No me hagas reír! ¿Es lo único que se te ocurre decirme segundos antes de ser despedazado por el demonio y más de veinte gatos?
- Cuando ya no hay puertas para abrir y encontrar caminos, la única cosa que te queda por hacer es salir de la puerta en la que estás.
Vetmi miró al cielo y se penetró la navaja en el corazón. Cayó al suelo con el pecho ensangrentado. El demonio lo observó con una sonrisa pícara. Los demás gatos se desvanecieron. Satanás se acercó al cadáver de Vetmi y lo observó minuciosamente.
<>. Y desapareció.